Hay que creer que la detención de dos etarras por la Ertzaintza en Bilbao el pasado lunes nada tiene que ver con la declaración de alto el fuego del pasado día 24, pero sin duda este hecho infrecuente en los últimos tiempos -hacía tres años que la policía autónoma vasca no detenía a terroristas- tiene una potente carga simbólica y lanza un mensaje muy claro a la dirección etarra: el aparato del Estado, incluidas las instituciones autonómicas, no está en tregua ni puede olvidar sus obligaciones, establecidas por las leyes vigentes. Lo que no indica que nada haya de cambiar una vez que ETA ha decidido explícitamente dejar de delinquir. En concreto, los jueces pueden y deben actuar modelando los márgenes de discrecionalidad de que disfrutan, sobre todo en lo tocante a las medidas cautelares: no es lo mismo dejar en libertad provisional a un colaborador de ETA pendiente de juicio cuando esta organización mata y cuando no. El Estado de Derecho ha de ser inflexible pero no rígido, como corresponde a cualquier obra de la inteligencia humana.