Si usted es portador del virus del sida, sus actividades y necesidades diarias pueden chocar contra un muro interminable de incomprensión, rechazo o evidente discriminación, sin razones legales que justifiquen tales actitudes. Por desconocimiento o temor infundado, le pueden denegar un tratamiento médico, bloquear su acceso a un puesto de trabajo, tratarle desigualmente en un proceso judicial, expulsarle o impedirle residir en un país... Le pueden condicionar su derecho de acceso a una vivienda o a un determinado centro educativo, incluso quitarle la custodia de sus hijos. Por si fuera poco, podrían denegarle la contratación de un seguro de vida o de suscribir una hipoteca bancaria. Incluso en sus horas libres, podría ver neutralizada su intención de federarse en alguna actividad deportiva.