Rachas de viento de 90 kilómetros arrancaron de cuajo, ayer al mediodía, más de cuarenta metros de la valla de hierro que circunda el colegio público Miguel de Cervantes, sito en la avenida de la Universidad, en Elche.
Aunque la verja estaba compuesta por barrotes y el aire podía colarse entre ellos, la fuerza de las ráfagas venció. Los bloques de bobadilla en los que estaban los anclajes cedieron y la empalizada fue a parar sobre las baldosas de la calle. La suerte quiso que el siniestro se produjera un domingo, cuando no hay clase y nadie pasaba por la acera en el momento de su desplome.
Los vehículos estacionados en batería en el lugar se libraron del aplastamiento por unos pocos centímetros.