A las seis de la mañana de ayer, la joven ilicitana de 16 años, Eva Risco Montilla, salía de uno de los quirófanos del Hospital de Vall d'Hebrón, en Barcelona, y era trasladada a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), donde permanecerá sedada durante 72 horas. Su tórax ya albergaba dos pulmones nuevos. El doble transplante acababa de concluir con éxito gracias al «corazón fortísimo de Eva», según comunicaba ayer su madre, María Dolores.
La angustia de la espera había acabado. A las cuatro de la tarde del sábado, el equipo médico que atiende a la joven desde hace once meses informó a la madre que, por fin, «podía haber un posible donante». Los facultativos le subrayaron que «hacía falta comprobar aún La compatibilidad antes de intentar la operación». María Dolores no dijo nada a Eva, tal como se lo recomendaron los médicos. Pasadas las ocho de la tarde se le dio la tan esperada noticia. Una hora más tarde empezaba la intervención quirúrgica.
La suerte quiso que el marido de María Dolores hubiera viajado este fin de semana a Barcelona para visitar a su hija y a su mujer. Ambos se apoyaron en la peor noche de su vida, en la que la esperanza y la angustia se mezclaron a partes iguales.
En otro quirófano, otro equipo médico transplantaba el hígado proveniente del mismo donante a una niña. Según María Dolores, los órganos, de un niño, viajaron de Mallorca a Barcelona. Eva no podía recibir pulmones de un adulto debido a que su caja torácica no se ha desarrollado al mismo ritmo que los chavales de su edad, a consecuencia de su dolencia pulmonar.
Empieza una nueva fase de espera para Eva y su familia. La del restablecimiento paulatino que, según han avisado ya los médicos a María Dolores, será largo. A corto plazo, la primera conquista será la salida de la UCI de la joven. Si todo va bien, Eva pasará a planta en el plazo de dos semanas.
El 4 de marzo de 2006 será la fecha del segundo nacimiento de Eva a la vida. Once meses antes, el 4 de abril de 2005, Eva Risco Montilla subía a una ambulancia que la iba a trasladar de Elche a Barcelona, al Hospital Val d'Hebrón, junto a su madre María Dolores.
Solidaridad
Se abría la ventana de la esperanza gracias a la solidaridad de muchos ilicitanos y de unos cuantos barceloneses quienes, con sus ayudas económicas y la cesión provisional de una vivienda permitían que la joven pudiera esperar en la Ciudad Condal el doble transplante de pulmones que necesitaba para seguir viviendo y desarrollar su cuerpo.
La vida de Eva, pese a su juventud, no ha sido fácil. Con cuatro años sufrió un tumor maligno en los intestinos que le obligó a someterse a un tratamiento de quimioterapia. Cuando, la niña ya había superado esta grave enfermedad apareció otra dolencia que afectó esta vez a sus pulmones.
Eva lleva desde los trece años conectada día y noche a una botella de oxígeno como consecuencia de padecer una fibrosis pulmonar. Todos los diagnósticos médicos dejaron claro que el estado de la niña requería un transplante, pero varios hospitales rechazaron hacerse cargo de la intervención quirúrgica. Finalmente, los responsables del Hospital Vall d'Hebrón dijeron que sí, pero que la joven y su madre no podían vivir a una distancia superior de más de una hora en coche del centro sanitario, con el fin de acudir con celeridad al mismo cuando hubiera un donante compatible.
Desde entonces, madre e hija viven en Barcelona. Después de varios meses, tuvieron que marcharse de la primera casa prestada y ambas se trasladaron a un pueblecito, Cunit, donde una vecina le cedió otra vivienda.
Todo iba bien hasta que Eva se constipó. A principios de diciembre, la joven tuvo que ser ingresada de urgencia en la UCI, en el Hospital Vall d'Hebrón, donde se le practicó una traqueotomía. Desde entonces, Eva tuvo que permanecer en silencio.
Madre e hija seguían desde aquella fecha en el hospital debido al estado delicado de la joven cuando, el sábado por la tarde, saltó la noticia tan esperada: había dos pulmones para Eva.