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Lunes, 6 de marzo de 2006
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PROVINCIA
CRÓNICA NEGRA DE LA PROVINCIA
CRÓNICA NEGRA DE LA PROVINCIA / ¿Quién mató al pastor de Pedreguer?
Apareció muerto junto a su rebaño de cabras en un paraje de este término municipal de la Marina Alta
IBARROLA
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Éste es el dilema, la pregunta clave: ¿quién, o quiénes, mataron a Miguel Torres? Un humilde y honrado pastor de cabras de Pedreguer, en la zona norte más alejada de la provincia de Alicante. La única realidad, triste y cruda realidad, es que Miguel Torres Sancho, de 43 años de edad, apareció muerto en la zona por donde pastoreaba sus cabras y junto a su rebaño, en el paraje denominado El Poet, a caballo entre Pedreguer y Denia, cabeza de partido judicial.

Fue el 5 de junio de 1927 y su cuerpo sin vida fue hallado por un campesino. El caso estuvo envuelto en el mayor de los misterios y a punto estuvo de pagar el crimen un labrador vecino del mismo Pedreguer y amigo, aunque no muy íntimo, de la propia víctima.

No había pruebas contundentes, sólo pruebas indiciarias, que, según dicen los juristas, pueden ser definitivas para condenar a un reo. Pero no así en este caso de Pedreguer.

El asesino, o los asesinos, serían amigos de Miguel o al menos lo conocerían y conocerían el lugar donde pastoreaba, sus movimientos, las horas en que salía al monte en busca de pasto para sus cabras, hora a la que se retiraba. Sobre el cuerpo de Miguel dispararon en dos ocasiones, lo que enmarañaba más el asunto.

Alguien, desde un ribazo y resguardado tras un árbol o guarecido tras un pedraplén, disparó una escopeta de caza que alcanzó de refilón al pastor de cabras, produciéndole, diríase que milagrosamente, tan sólo leves heridas en las regiones temporal y parietal izquierdas. Todavía Miguel tuvo valor de abandonar por poco tiempo su rebaño para ir al pueblo a curarse. Regresó enseguida y media hora después se repitió el atentado, esta vez con más acierto. Alguien, escondido en un margen, disparó su escopeta de caza sobre el pastor, que cayó abatido. El cartucho le produjo un orificio en la región externocleidomastoidea derecha, que interesó columna vertebral, con rotura de paquete vascular nervioso, mortal de necesidad, falleciendo en el acto.

LAS SOSPECHAS

En un amigo, pero no íntimo

Las sospechas recayeron en un agricultor de la zona, amigo de Miguel, por varios motivos. José Fornés Quintana, de 46 años, era vecino también de Pedreguer. Conocía a Miguel, aunque la amistad no era demasiado grande. Se rumoreó que debía dinero a su víctima y que Miguel acudía a casa de José, aprovechando los momentos en que el dueño se encontraba ausente. Habladurías de los vecinos. Se llegó a decir que Miguel visitaba la casa de José para ver a la esposa de éste, mujer joven, afable y bastante bella. Por añadidura, la persona sobre la que recaían todas las sospechas era propietario de una escopeta de caza similar a la que causó la muerte a Miguel.

Comparados los cartuchos recogidos en el lugar del crimen, coincidían con los de José, que, además, carecía de licencia de amas. Otro detalle: unas vecinas del barrio revelaron a la Benemérita que, poco después de cometerse el crimen habían visto a José asomarse a un pozo en actitud de quererse arrojar al fondo. Por si faltara algo, los agentes de la Guardia Civil descubrieron que José tenía un fogonazo en la nariz, producido, sin duda, al disparar la escopeta.

Pero José tenía su coartada. El detenido explicó a la Guardia Civil que el día 5 de junio salió a las cinco de la mañana de su casa en dirección al campo a recoger leña para encender un horno. Después de una hora, regresó a casa y ya no salió de ella hasta la tarde. Comió a las doce de la mañana y en casa continuó hasta las tres de la tarde en que fue al domicilio de sus amigo Juan Ten, en el término municipal de Denia. Allí, junto a otros amigos, echaron unas partidas a la brisca, y allí mismo, y por boca de Juan, se enteró de que Miguel había aparecido muerto en la partida de El Poet

A LA CÁRCEL

Se hizo justicia y salió

Estos extremos los confirmaron sus amigos ante el juez. Negó en absoluto que debiera dinero a Miguel ni que por supuesto, entraba en su casa a deshoras para ver a su esposa. No negó, sin embargo, que tuviera una escopeta de caza y reconoció que careciera de licencia de armas, pero aseguró que la última vez que la disparó fue el tres de junio, dos días antes de morir Miguel. El tiznajo que presentaba en la nariz, según afirmó, se lo había producido al encender un cigarrillo con la mecha de un candil. Y por último refirió que el motivo de acudir al pozo fue para beber agua.

Mas no le valieron coplas. José Fornés Quintana fue detenido, procesado y encarcelado y pasó más de un año en prisión preventiva hasta que salió el juicio.

Pero, por último, resplandeció la verdad. Quien lleva la razón, ésta, por último, vuelve a brillar. La Justicia, al fin, hizo justicia, y José Fornés, el honrado labrador de Pedreguer, fue absuelto con todos los pronunciamientos favorables.

En otro aspecto, la cosa se pone más difícil todavía. ¿Quién, entonces, puede ser el asesino?



Vocento
LA VERDAD DIGITAL, S.L. (SOCIEDAD UNIPERSONAL). Camino Viejo de Monteagudo s/n. 30160. Murcia. CIF: B73096802.
Inscrita en el Registro Mercantil de Murcia al Tomo 1.709, Libro 0, Folio 41, Sección 8, Hoja nº MU34509, Inscripción primera.

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