Nicolás Sarkozy fue ayer el encargado de enardecer los ánimos de la militancia del popular. El ministro del Interior francés, «orgulloso amigo» de José María Aznar, participó en la clausura de la Convención organizada este fin de semana por el primer partido de la oposición con un discurso hecho a la medida de sus correligionarios españoles, eficaz y directo a la fibra sensible. «¿Qué importa que en el PP hayáis sufrido la ingratitud del pueblo español?», les animó. «Algún día los libros de Historia hablarán del Renacimiento español para referirse al período de Aznar, que convirtió a España en la octava potencia del mundo».
Sarkozy habló en francés. Sus palabras aparecían traducidas en una gran pantalla situada a sus espaldas con unos subtítulos que no hacían más que encasquillarse. Pero no importó. El tono que imprimió a su discurso fue tan apasionado y su porte de animal político bregado en mil batallas tan enérgico, que aún sin entenderle los populares se rindieron a sus pies. «Durante años la derecha francesa, cuando estaba en la oposición -les halagó-, ha mirado atentamente al PP porque ha dado una gran lección a Europa: una lección de audacia, valentía, inteligencia y modernidad».