Se dice que el tiempo pone a todo el mundo en su sitio, pero a muchos les da igual: ya no pueden sentarse porque han perdido el culo. La verdad histórica se convierte en una mentira más si su descubrimiento es demasiado tardío. Algún día se sabrá, por ejemplo, quién mato a Kennedy, pero hasta los magnicidios embeben con el tiempo y cada vez irá importando menos. Ahora, más de un cuarto de siglo después, se nos informa que el fallido intento de asesinar al Papa Juan Pablo II fue decidido por los líderes soviéticos de entonces. Ya no existen ni Su Santidad ni los que ordenaron la maldad. Sólo está vivo Ali Agca, que era un mandado. Un fanático siempre sale más barato que un mercenario, pero a condición de que tenga buena puntería.