El Mar Mediterráneo, eterno campo de batalla desde las guerras púnicas hasta el conflicto de Kosovo, en cuyas profundidades se esconden secretos de la historia, desde milenarios tesoros cartagineses hasta destructoras minas nazis de la II Guerra Mundial. Precisamente, la Fuerza Permanente de Respuesta Inmediata de la OTAN, anclada desde ayer en el Puerto de Alicante, tiene como misión la limpieza y seguridad de las aguas internacionales de cualquier artefacto explosivo.
Se trata de una fuerza multinacional formada por seis buques dragaminas de Alemania, Italia, Turquía, España y Grecia, a las órdenes de los helenos durante este año. Patrullan todo el Mediterráneo, desde Gibraltar hasta el Canal de Súez. «Es un grupo puramente defensivo», explica el comandante Alexandros Theodosius, quien añade: «No intervenimos en entradas a puertos ni en conflictos, que corresponden a los respectivos gobiernos».
No obstante, su presencia es constante en todo su sector (hay otro grupo de vigilancia en el Mar del Norte) para la «identificación y eliminación de objetos extraños» en las profundidades marinas. Minas o misiles que pueden estar ocultos desde hace medio siglo, pero que siguen siendo letalmente peligrosos.
«Nadie sabe cuántas hay ni dónde se encuentran las minas submarinas», explica el comandante griego, «porque la propia geografía marina, unida a las constantes modificaciones producidas por terremotos u otros accidentes pueden desenterrar objetos explosivos». Esto fue lo que pasó exactamente en el puerto griego de Patras, en 1991. Las obras de ampliación del recinto portuario movieron las arenas sedimentadas en el fondo y sacaron a la supreficie una bomba alemana.
Una vez que el sónar del barco ha advertido la presencia de un objeto extraño, si no hay una identificación precisa de la posible carga a través de los monitores, equipos especializados de artificieros inspeccionan directamente la mina. Su nombre de guerra es EOD (siglas en inglés de Explosive Ordinance Disposal). Son los equivalentes a los Tedax, pero a cien metros de profundidad, lo que dificulta sobremanera su labor. De su informe depende si se desactiva de forma directa bajo el agua o se explosiona.
Las zonas más calientes son, obviamente, aquéllas que han sufrido conflictos armados durante el último siglo y los canales de comunicación marítmos. Desde que funciona esta fuerza se han rescatado unos 80 artefactos explosivos. El Adriático es el más conflicitivo, ya que ha sufrido la II Guerra Mundial y también el conflicto de Kosovo. La mayor parte de los ingenios explosivos que se encuentran en el Mediterráneo casi se puede decir que se localizan por casualidad: «Un avión que no haya descargado todo su arsenal durante un bombardeo no puede aterrizar en un barco; es demasiado peligroso, por lo que prefieren depositar su carga en el mar», explican los responsables de la flota.
Como patrulla permanente de la OTAN también ejercen como vigilantes del tráfico de buques en el Mediterráneo. «Al ser barcos de guerra, cuando nos cruzamos con algún navío se le pide la identificación para comprobar que el tráfico es correcto», comenta el comandante Theodosius. «Así también controlamos posibles buques sospechosos», añade. La flota de la OTAN permanecerá el fin de semana en Alicante, único puerto español en el que pararán, junto a Palma de Mallorca, en su travesía en el Mare Nostrum.