A veces ni sé ni entiendo ni llego a comprender -si les digo la verdad, sí- lo que acontece en mi querido pueblo, Orihuela», me contaba el domingo Emilio Ortuño, el ex embajador de Moros Almohábenos, mientras disfrutaba de los goles de Morante en el campo de fútbol de Los Arcos. Y proseguía relatando que en su partida diaria de dominó, en el bar de Manolo, entre amigos hablan «de lo divino y lo humano» y charlan «de las cosas y casos de nuestra Semana Santa».
Ante todo, me dejó claro que él es del Orihuela Deportiva. Del equipo al que acude a contemplar los domingos. Está convencido de que este año «toca ascenso» a Segunda División... en el mes de junio; y al que viene..., ¿ya veremos!, que puede repetirse... «Vaya empuje y brío le están echando José Rodríguez, el hermano de Chanos de Molins, Terrés y Verza, Impérium y compañía».
«Quiero que sepas, amigo Pedro», me dijo, «que creo que es la mejor ocasión para revelarte... -me lo pide mi corazón de cofrade oriolano-, que en mi casa hay paz futbolera, pese a todo...». Y me explicó: «Mi hijo Emilio es del Madrid, de Ronaldo y ahora ya no del presidente Florentino», quien abandonó la nave de galácticos madridista.... «Pero las disputas son amistosas y en hermandad con Luis, mi hijo incondicional del Barça catalán, de los Ronaldinho, Eto'o y Messi...»
Emilio disfrutaba de la animación, la tranquilidad y la paz futbolera en el hogar, que controla desde su posición de padre, pero resulta que de un tiempo a esta parte las vestas de la Semana Santa andan revueltas en su casa. Sospecha que en la víspera de las procesiones, parece lógico a tiro ya de piedra el Martes Santo (el 11 de abril), «tienen prisa por salir del armario para caminar y llegar, sin empujones, a la iglesia de La Merced». De allí, saben ustedes, salen las procesiones.
En el hogar de Emilio, la paz nadie la altera. «Mi hijo Alfonso es de la procesión del Ecce Homo, y yo compro lotería al Perdón y al Ecce Homo». Hace años que dejó de salir en la procesión, aunque paga la cuota anual del Perdón. Su hijo Alfonso «se apuntó» en la cofradía hermana de ese día, el Ecce Homo, y le pareció «muy bien».
Siempre hubo paz en casa de Emilio. Yo estoy seguro de que, entre los cofrades, habrá pronto apretón de manos.