La boda del torero Javier Conde y Estrella Morente pareció sacada de aquellas biografías de reinas de la copla con las que solía dramatizar en 'Cantares' el inclasificable Lauren Postigo. La tonadillera desposada con el torero engominado componía una postal goyesca postmoderna que puso a la pareja en el ojo público de la prensa del corazón. Estrella ha tenido que pagar ese peaje de la popularidad, pero confiesa que no ha llegado a afectar a su vida.
«La gente tiene claro que, antes que nada, soy artista. Y, cuando el respeto mínimo entre las personas se mantiene, no puedes aislarte de la gente. Te debes a un público que acude a verte para que le hagas soñar y olvidar sus problemas. Si aspiras a seguir en esto de una manera sobria y elegante, hay que entender que es lógico que se quieran acercar a ti. No se puede rechazar el cariño de la gente y luego pretender que te quieran», dice.
La joven cantaora, que el año pasado dio a luz a una niña llamada también Estrella, asegura que la maternidad le ha aportado una nueva sensibilidad. «Todo lo que pasa en tu vida te influye de una manera u otra en lo artístico, tanto si te duele algo como si estás eufórica o contenta. Con la maternidad pasa lo mismo, pero de una manera diferente y mucho más intensa. No sólo me ha aportado una nueva sensibilidad, sino que ha aumentado mi sentido de la responsabilidad. Claro que eso no es exclusivo de las madres, tengo amigos que también tienen ese nivel de compromiso y que no tienen hijos».