El 21 de enero, Zapatero y Mas pactaron por sorpresa las líneas maestras de la reforma del Estatuto de Cataluña tras una maratoniana reunión de muchas horas. Pero, como es natural, el acuerdo versaba sobre los grandes disensos y sobre los elementos centrales de la propuesta, y no sobre los pequeños detalles. Ello explica que los negociadores estén ahora «atrapados en la letra pequeña», como aseguraba ayer certeramente el ABC en un comentario editorial: el viernes, cinco horas de reunión entre los miembros de la ponencia no fueron suficientes para acordar algunos aspectos de difícil encaje: puertos y aeropuertos, sobre todo, además de selecciones deportivas, paradores nacionales, notariado, juegos y espectáculos, trabajo, símbolos Los negociadores han sido incapaces de mantener las conversaciones en su nivel técnico y han salido a los medios a buscar apoyos políticos. Esta situación transmite nuevamente sensación de incertidumbre pero nadie debería llamarse a engaño: después de haber pactado lo fundamental, resultaría impensable que el acuerdo se rompiese por lo secundario. Aunque también es evidente que este convencimiento es el que genera las mayores dificultades a la hora de transaccionar.