Cualquiera de los muchos que trabajaron de extras en la Biblia apedreando a la mujer adúltera, estaba en mejor disposición de ánimo para perdonarla que el marido de ella. Se olvidan con gran facilidad las ofensas que han recibido otros, lo que no deja de ser una prueba de nuestra incapacidad para el rencor. A las víctimas del terrorismo les cuesta más trabajo no acordarse de sus padres, de sus hijos, de sus hermanos y de sus amigos. «No hay olvido», dice categóricamente Luis Cernuda. Otros poetas, algunos de aproximado tamaño, han hablado de la memoria como de una ciega abeja de amargura.