Puede que el concepto de franquicias o cadenas de restaurantes lo tengamos muy arraigado en nuestra cultura y puede también que con ello la concepción de los productos que ofrecen. Pero como en todos los aspectos de la vida se puede mirar lo que nos rodea de dos maneras y comprobar que no se debe incluir a todos en el mismo saco. Por ello, una de las excepciones que encontramos en nuestra oferta de restauración es Tapelia, cuya carta de presentación son los arroces alicantinos y un menú elaborado para recordar al comensal la riqueza de los productos mediterráneos.
Uno de los nuevos locales que encontramos en este momento es el que la cadena de restauración ha abierto en Elche. Un entorno acertado y unas instalaciones espaciosas que cuentan con áreas diferenciadas, de barra y restaurante, para adecuarse a las peticiones de cada comensal. Cuando el cliente accede al local se le ofrece la posibilidad de comer o cenar en la zona de barra, donde el ambiente es más informal y las tapas dominan la situación, o bien acceder al restaurante, en el que podrá disfrutar en la mesa de la tranquilidad del comedor. Este último adaptado a la nueva normativa que distingue las zonas de fumadores de las de no fumadores.
Si se opta por la barra, las pizarras a modo de sugerencia ayudarán a confeccionar un menú variopinto con la posibilidad de degustar los arroces, también llamado arroz robao a modo de tapa. Otra posibilidad es la de acceder al restaurante, donde el comensal encontrará una gran carta de platos que puede dificultar su rápida elección del menú, tanto por su extensión como por el inapropiado nombre de algunos platos. Una vez allí, y situado en una reducida mesa si se trata de dos comensales, comprobará que su montaje es tan singular como extravagante, más apropiado para personas zurdas. Antes del menú, el restaurante ofrece un aperitivo de cortesía, común en todas las mesas, compuesto por brandada de bacalao con tostas de pan.
Los arroces adquieren el protagonismo que merecen dentro de la carta convirtiéndose en un producto que admite múltiples posibilidades, todas ellas realizadas con acierto. Entre los más destacados estarían el arroz a banda clásico; con gambita roja y verduras de temporada o el empedrao con embutidos y patatas a lo pobre. Todos ellos presentan diferentes matices con una buena calidad tanto en el producto como en la elaboración.
Para abrir boca, una buena elección de entrantes serían los formados por los crujientes de foie de pato con dulce de tomate, merecido plato estrella de la sección; el salteado de chipirones con trigueros y champiñones, que pecan de picantes, y la parrillada de verduras con queso de cabra gratinado. Se puede seguir con un crèpe de centollo con salsa de piquillos o bien con lomitos de solomillo con ibérico al aceite de ajo, en el que está mejor el nombre que el plato. Todos ellos con una decoración básica y una creatividad poco exigente. En cuanto a los vinos para acompañar estos platos, el restaurante ofrece una carta compensada con distintos caldos, denominaciones de origen y añadas.
Para terminar y al gusto de los más golosos su clásico muerte por chocolate, quizá excesivo por su monotonía de sabores, o bien uno de los muchos sorbetes que ofrecen y que harán más llevadera la digestión del personal como el de leche merengada con ron, miel y canela o el de frutos rojos al cava. Ya en la sobremesa una botellita de licor de cantueso acompaña el café.
En resumen un menú equilibrado y lleno de matices que se presenta en un ambiente acogedor. La decoración, donde prima el color blanco y el marrón, así como los materiales nobles con la madera como protagonista, ayudan al comensal a integrarse y sentirse a gusto. Todo ello acompañado de un correcto trato por parte del servicio que hace que el cliente finalice de forma agradable su estancia en el local.