Una gran fiesta de carnaval ha puesto el broche a los XX Juegos Olímpicos de Invierno de Turín 2006 en la ceremonia de clausura de esta noche en el Estadio Olímpico de la ciudad italiana, donde se le pasará el relevo a Vancouver 2010 antes de que la llama olímpica se apague. Ante 35.000 espectadores, el show de casi dos horas ha concluido con las más de dos semanas en las que 2.500 atletas han participado en las competiciones, y lo ha hecho rindiendo homenaje al carnaval que nació en Italia antes de extenderse por todo el mundo, como mezcla de alegría y tristeza por el final de los Juegos.
La nostalgia también tendrá cabida a través de escenas que recordarán a la película del cineasta italiano Federico Fellini Los Payasos, pero también la risa. Vendedores ambulantes de flores se pasearán entre los espectadores para colocar su mercancía, perseguidos por la autoridad competente. Como Ferrari estuvo presente con un Fórmula 1 en la ceremonia de inauguración, unánimemente aclamada por el público, esta vez fue el turno de la Vespa y los Fiat Cinquecento, inspirándose en el incesante tráfico de las ciudades italianas con un toque felliniano. El público participó en el gran carnaval con las máscaras que cada espectador ha encontrado en su asiento, mientras los atletas, que esta vez no entrarán por equipos en el recinto, lucieron narices rojas de payaso.
Los ganadores de los 50 kilómetros de esquí de fondo masculino, disputados hoy, recibirieron excepcionalmente sus medallas durante la ceremonia. Como esa prueba parece una maratón en la nieve, los organizadores han querido recordar de este modo la más pura tradición olímpica de Atenas. Luego llegó el momento de pasar definitivamente el relevo a la ciudad canadiense de Vancouver y fue su alcalde, Sam Sullivan, tetrapléjico tras sufrir un accidente de esquí en su infancia, quien recibió la bandera con los cinco aros olímpicos de manos del presidente del Comité Olímpico Internacional, Jacques Rogge. Sergio Chiamparino, alcalde de Turín, cedió la enseña olímpica a Rogge, quien, a su vez, se la entregó a Sullivan.
La invitada estrella del momento cumbre dedicado a Vancouver fue la cantante canadiense Avril Lavigne, antes de que el escenario se tiñera de melancolía con la actuación de Andrea Bocelli y la extinción de la llama olímpica. Pero el fin de fiesta terminó con la alegría del carnaval en medio del estadio, donde se confundieron atletas, bailarines y autoridades en una última traca final que dejó atrás los escándalos de dopaje y la falta de entusiasmo del público con la vista puesta ya en Vancouver.