El Cid conquistó ayer la plaza de toros de La Condomina, y el público lo proclamó dueño y señor de la tarde tras dictar una lección magistral. Le había correspondido el quinto de la tarde, un toro marcado con el hierro de Lagunajanda por nombre Embustero, y lo cierto es que engañó a los espectadores que solicitaron el indulto; menos mal que, cuando sonó el primer aviso, el de Lagunajanda hizo amago de buscar el abrigo de las tablas. En el último instante, El Cid lo mató de una estocada impecable y el indulto se quedó en una inmerecida vuelta al ruedo.