El líder de CiU, Artur Mas, convertido en socio de confianza del PSOE en Madrid, ha conseguido desplazar a ERC de las sesiones preparatorias de la ponencia mixta de la Comisión Constitucional que estudia el Estatut y no ceja en su afán de que, en coherencia con la actitud de Esquerra, el tripartito se disuelva y dé paso a unas elecciones anticipadas (las encuestas han comenzado a apuntar una holgada victoria de CiU si hubiera elecciones ahora en Cataluña, consecuencia clara de la actitud constructiva y sensata de esta formación). Todo indica sin embargo que ERC, que tiene preparada una gran manifestación para el sábado, podría reconsiderar después de esta fecha su actitud, terminar plegándose a los acuerdos PSOE-CiU y aceptando por tanto el nuevo Estatuto, lo que salvaría la coalición que gobierna la Generalitat, al menos de momento. En este escenario, Mas ya tendría mayores dificultades para defender unas elecciones anticipadas inmediatas pero tampoco dejará por ello de insistir: intentará que la disolución de la Cámara catalana tenga lugar tras la aprobación del Estatuto. No ha concluido aún el mal trago para Maragall.