Las galerías extranjeras siguen tentando en Arco a los coleccionistas españoles con sus fondos y ofertas, tanto a los privados, cuyas fortunas van a más y su interés por el arte también, como a la cantidad de museos de arte contemporaneo que han abierto sus puertas en los últimos tiempos; la última gran tentación, con la que la feria madrileña abre hoy sus puertas, lleva de nuevo el apellido Picasso.
Femme assise en robe grise (Mujer sentada vestida de gris), un cuadro del genial artista español que vivió y murió en Francia, pintado en 1943, es seguramente la pieza más cara de una feria en la que, sin embargo, abundan las ofertas a precios asequibles y de muy buena factura. El cuadro sólo mide 130x97 centímetros, pero la galería Jan Krugier-Diteshein y Cia pide por él 8,5 millones de euros; un precio prohibitivo, aunque podría quedarse en España por menos dinero.
Este histórico marchante de Ginebra representa a Marina Picasso y esta vez ha traído a Madrid un amplio repertorio de la colección de la nieta del artista, la más independiente de la familia. En él figuran obras como un retrato en blanco y negro, o más bien en positivo-negativo, de Olga Kohklova, la primera mujer de Picasso, lo mismo que su versión de la figura de Velázquez, de la serie que realiza en los años 60 sobre artistas del Barroco. Sus precios, entre 1,5 y 2 millones de euros. Otro cuadro, de la etapa cubista, se exhibe a modo de curiosidad. Marina, aseguran, no lo vende; pero lo han traído.
En el Arco de este año faltan algunas galerías que llegaban cargadas de obra de las vanguardias históricas, de las españolas e hispanoamericanas fructificadas en el extranjero en particular, como las alemanas Gmurzynska y Pudelko. Bischofberger y Beyeler hace ya tiempo que faltan, pero todo esto redunda en un mayor equilibrio entre la tradición y la modernidad.
Paseo por la historia
Entre lo histórico, merece la pena darse un paseo también por la galería Thomas, de Múnich, para ver el magnífico cuadro de Marc Chagall El violinista azul, pintado en Nueva York en 1945 y que el MoMA expuso al año siguiente. Su precio: 3,8 millones de euros. Aquí también ofrecen un pequeño gouache de Kandinsky, de 1938, por 340.000 euros. Y en el stand de la galería parisina Jeanne Boucher se puede contemplar una excepcional muestra de cuadros de la vanguardista portuguesa Maria Helena Vieira da Silva; cuestan alrededor del millón de euros.
Entre lo moderno del XX, en Marlborough venden otro Hombre desnudo ante el espejo, de Francis Bacon, de 1990, por 5,8 millones. Y en la madrileña Elvira González, cada vez más internacional, como Guillermo de Osma, se ofrece una enorme ánfora rotulada del recordado Keith Haring, en medio de varios móviles de Alexander Calder, cuyo precio se acerca también al millón de euros. Tentaciones. Como sucede también con el cuadro de otro artista muerto antes de tiempo, Jean-Michel Basquiat, del que Galerie de France, de París, ofrece el cuadro de formato medio Barato colcha jugetes, de 1982; exactamente por 1.150.000 euros.
El 'crash' de Mariscal
Con una galería de Corea, Gana Art, llega un sorprendente cuadro de Miquel Barceló de 1993, en el que, entre su característica y matérica abstracción, se diría que se puede seguir una historia con esquemas figurativos.
Otro coetáneo, Javier Mariscal, aunque de partida diseñador y tan inquieto como él, ha derrapado en la feria con la réplica algo subida de escala y trucada en sus volúmenes para tensionar la visión tridimensional, de un mítico Chevrolet Impala del año 59 y de color rojo chillón.
Inspirado en una viñeta de Tintín en el Tíbet, es como si se hubiera estrellado en una viñeta de cómic -el lenguaje natural de Mariscal-, casi partido por la mitad y con las vielas y las bujías que saltan por los aires sostenidas por varillas. «En un dibujo podemos hacer todas las trampas; en una obra tridimensional como ésta se diría que es imposible, pero yo he hecho todas las que he podido», explica el propio artista.