Santiago Grisolía (Valencia, 1923) fue un regalo de los Reyes Magos -nació un 6 de enero- a su familia y al resto de la Humanidad. Con 83 años a sus espaldas no se considera viejo, porque la vejez es cosa de cabeza. Practica ejercicio a diario y eso le hace sentirse mejor, pero tanto su cuerpo como su alma están dedicados por completo a la ciencia, campo en el que está considerado una eminencia del siglo XX y, ahora también, del siglo XXI. Candidato en varias ocasiones al Nobel de Medicina, obtuvo en 1990 el Premio Príncipe de Asturias a la Investigación Científica, uno de los muchos que acumula en su palmarés particular. Aunque para él, quizá el más grande ha sido tener el privilegio de conocer y compartir trabajo y amistad con su maestro «don Severo Ochoa», a quien hoy, a las 20.15 horas, rinde homenaje en Murcia hablando sobre su figura desde el punto de vista humano.