Un solo delincuente afincado en Alicante ha hecho trabajar a más de 600 funcionarios policiales desde que comenzó su desafiante carrera al margen de la ley en España, hace ahora poco más de dieciséis años. Se trata de Mohamed Asempi, alias con el que se conoce a Bachir Abawir, aunque el Ministerio del Interior tampoco está seguro de que ésta sea su verdadera identidad. Este magrebí, al que le constan 195 detenciones, es el paradigma de la multirreincidencia delictiva en la provincia y, quizá, en todo el país.
Asempi supone, junto a Smail Madani, quien arrastra otros 62 apresamientos y también está asentado en la capital alicantina, uno de los peores quebraderos de cabeza para las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad que operan en la provincia. Su primer arresto data de 1989. Fue sólo el comienzo de una impresionante trayectoria de infracciones, rayana en lo enfermizo, que no parece haber tocado techo.
El estudio de sus rasgos invita a pensar que procede de Marruecos, aunque en los diferentes atestados abiertos hacia él figuran hasta tres posibles lugares de nacimiento: Argelia, Palestina y Túnez. Ni siquiera está clara la edad, puesto que se le atribuyen hasta cinco distintas, según las cuales podría tener 32, 42 o 36 años, según ha podido conocer este diario.
Asempi incurre, sobre todo, en robos en el interior de vehículos, hurtos al descuido y robos violentos. Sin embargo, también arrastra una causa por homicidio (acabó con la vida de una persona en 1990), y otras muchas por tráfico de drogas al menudeo.
Del cotejo de sus fichas policiales, se concluye fácilmente la evolución que ha experimentado en sus fechorías, de menor a mayor gravedad. Ahora, siempre se mueve armado con una navaja, no sólo para cometer sus actos ilícitos, sino para defenderse, puesto que se ve involucrado en numerosos altercados con otros delincuentes.
De hecho, llegaron a intentar matarlo a tiros. Por si faltara algo, es adicto a los estupefacientes, lo que contribuye a aumentar su comportamiento agresivo.
Y lo peor de todo es que Asempi no puede ser expulsado del país pese a que le constan seis expedientes de este tipo. Resulta imposible ejecutarlos porque su nacionalidad no aparece acreditada documentalmente. Carece de papeles y, pese a que los investigadores creen que su verdadera procedencia es marroquí, nada pueden hacer porque las autoridades de este país no lo reconocen como súbdito nacional. Gran parte de los delitos que se le imputan quedaron en tentativas, lo que le ha valido para que Asempi haya pasado en libertad buena parte de su estancia en Alicante incluso con innumerables causas pendientes con la Justicia.
En parecida situación se encuentra otro inmigrante que roza las 65 detenciones, la última en el mes de enero por una presunta agresión sexual. Supuestamente, Smail Madani nació en Orán (Argelia) hace 35 años, según los datos más fiables de los que dispone el Ministerio del Interior. Pero su identidad nunca ha podido ser comprobada fehacientemente al no aportar ningún documento que la acredite.
Los archivos policiales registran 62 arrestos y posteriores puestas a disposición judicial desde 1991 y hasta el presente año. A estos expedientes cabe sumar una veintena de infracciones catalogadas como faltas de las que también han sido informados los juzgados de instrucción. No en vano en todo este tiempo acumuló cerca de treinta reclamaciones judiciales para su detención o averiguación de domicilio y paradero, junto con actas por posesión de sustancias estupefacientes y armas blancas.
Sus primeros arrestos tuvieron que ver, básicamente, con delitos menores: robos en el interior de vehículos y hurtos. Sin embargo, con el transcurrir de los años las acciones ilícitas de este inmigrante se tornaron más preocupantes, ya que se convirtió en asiduo de los robos con violencia e intimidación y el tráfico de drogas. El problema para las fuerzas del orden radica en que a Smail Madani nunca se le ha conocido lugar de residencia estable. Lo último que se sabe al respecto es que duerme en casas abandonadas. En los años 90, llegó a hospedarse en pensiones de la capital alicantina, pero el dinero se le acabó rápido. Tampoco se le conoce trabajo alguno, por lo que su fórmula para subsistir se basa en perpetrar delitos.
Los intentos de expulsión son inviables. No obstante, se han incoado al menos cuatro expedientes para forzar su salida del territorio español, el último hace sólo unos meses. Para la Policía, sacarlo de España es una medida ineludible, puesto que Madani está considerado un peligro para la sociedad. Además, su dependencia del consumo de drogas eleva el riesgo, al igual que ocurre con Asempi. Toda una encrucijada cuya solución nadie acierta a brindar.