El nuevo terminal de Barajas, diseñado por los arquitectos Antonio Lamela y Richard Rogers, es un espacio abierto, luminoso y cálido dominado en su estructura por el acero, el cristal y el bambú. Madera que adorna los techos de toda la instalación. Cuando funcione a pleno rendimiento, para lo que tendrán que transcurrir aún algunos años, podrá dar servicio a 70 millones de pasajeros al año. Más de doble de su capacidad actual.
La superficie destinada a viajeros de la T-4 y su satélite (S-4) es de 390.000 metros cuadrados, un 174% más. Dotado de todos los servicios que los usuarios puedan necesitar, está concebido como «una pequeña ciudad», señaló la ministra Magdalena Álvarez.
Una de las grandes ventajas de la T-4 es su gran número de pasarelas al avión o fingers. Casi 70, que permitirán que los viajeros embarquen y desembarquen directamente sin necesidad de sufrir los tan incómodos autobuses a pié de pista. Además, la capacidad de facturación aumenta un 56% respecto a las antiguas terminales hasta sumar 484 mostradores. Las dos partes de la estructura, el terminal y su satélite, están unidos por un túnel subterráneo de más de dos kilómetros de longitud por el que discurrirán las maletas (16.500 equipajes a la hora a través de 92 cintas transportadoras) y un tren sin conductor que en un par de minutos llevará a los viajeros de un lugar a otro.