La Verdad Digital
Domingo, 5 de febrero de 2006
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OPINIÓN
LA PLUMA Y EL DIVÁN
Crispación
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No me sorprende que a fuerza de insistir se enquisten los problemas en la sociedad española, que suele ser bastante paciente y obediente con los mandatos gubernativos, pero que llegados a un punto de hastío y tedio, por la machaconería de unos y de otros, llega a explosionar como una olla a presión con fisuras. Los más perspicaces ya sabrán que me refiero a la mal llamada guerra del tabaco; porque si se pone alguien en pie de guerra, como aducen algunos, no es más que por el mal hacer de algunos políticos que se empeñan denodadamente en dar la murga sin parar y azuzar desquiciadamente a los medios de comunicación para que persigan la pieza. Las leyes coercitivas pueden generar mala baba cuando se imponen de sopetón, sin mucho elaborar y reculando nada más ponerlas en marcha. Prácticamente todas las comunidades autónomas tienen leyes restrictivas y coercitivas en torno al consumo de alcohol en la calle, hecho, que, como todos sabemos, ha estado provocando gran cantidad de altercados de diferente índole, traducidos en salvajadas en las calles donde los bebedores pierden el control y se dedican a llevar a cabo barrabasadas de tal calibre que los vecinos montan en cólera; pero estas leyes, como todos podemos verificar cualquier fin de semana en el punto de nuestra España que elijamos, los jóvenes se pasan la ley por el arco del triunfo y nadie, absolutamente nadie dice nada al respecto, cuando perjudicados los hay a cientos por activa o por pasiva. En cambio, una ley como la del tabaco, que con orden y concierto se pone en marcha y todos los ciudadanos respetan a pies juntillas, resulta que poco a poco y como el que no quiere la cosa, se va crispando el ambiente para llegar a altercados de profundo calado nacional.

Primero son los precios, que en reiteradas ocasiones hemos dicho que deben de ser mucho más altos para disuadir, tanto a los que fuman como a los que no lo hacen para que no tengan la tentación de hacerlo, pero sin buscar el momento más inoportuno del mundo, como es el caso. Si nos esperamos a poner en marcha una normativa que estrangula significativamente un sector amplio de la sociedad y en ese preciso momento añadimos la subida de precios, estamos retando al equilibrio y lo más normal es que nos encontremos con posturas enconadas. Si a esto le sumamos que se toca directamente el bolsillo, una vez más, de muchos trabajadores que se sienten lesionados con las nuevas medidas, aumentamos el calor de la crispación innecesariamente, porque si no se ha de vender tabaco en los lugares que anteriormente se hacía, que sea así para todos, no solamente para unos pocos, y que sean los estancos y solamente ellos, los encargados de expender la mercancía. Pero si además, antes de pasar un mes de la puesta en marcha de la ley, ya empezamos a recular diciendo que nos hemos quedado cortos con las medidas impuestas, puede llegar a ser el colmo de las maldades o de las cosas mal hechas. Tenemos que apechugar con leyes obsoletas y trasnochadas como la de transmisión de patrimonios, y una que acaba de nacer, ya se está pensando en modificar porque no cubre las expectativas de lo que a priori se pensaba alcanzar.

Si la intención de la Ministra de Sanidad es proteger la salud de todos los españoles, es muy loable que se empeñe en incitarnos a dejar el tabaco a los activos y a los pasivos, pero de buenas maneras y no a golpe de impulso. Las cuestiones que implican un movimiento social han de estar bien elaboradas de antemano para no tener que ir haciendo añadidos sangrantes que emponzoñen los ánimos. Los estados excesivamente proteccionistas pueden caer fácilmente en un autoritarismo desmedido, que será aplaudido hoy por muchos, pero llorado mañana por muchos más. Si se permite la libertad de elección a la hora de poder fumar o no fumar de una forma individual, lo que tendrá que medirse exhaustivamente es la forma de impedir que se dañen los derechos de los que no quieren ser víctimas de los humos de los demás. Puestos a prohibir, se podría empezar por impedir que se fume en los coches cuando van menores dentro; en las casas particulares cuando están presentes personas que pueden ser perjudicadas por el humo ajeno, aunque sea de un pariente o cerca de ventanas y puertas aunque se esté en plena calle como ya ocurre en los todopoderosos Estados Unidos de América. Lo de menos es la restricción, lo penoso es encarnizarse con las heridas.



Vocento
LA VERDAD DIGITAL, S.L. (SOCIEDAD UNIPERSONAL). Camino Viejo de Monteagudo s/n. 30160. Murcia. CIF: B73096802.
Inscrita en el Registro Mercantil de Murcia al Tomo 1.709, Libro 0, Folio 41, Sección 8, Hoja nº MU34509, Inscripción primera.



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