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Tenemos que dar gracias a Dios por no tener unos políticos y gobernantes peores. Conformémonos con los que nos han tocado en suerte. Digo mal, porque la verdad es que no nos han tocado en un sorteo gratuito, sino que los hemos votado en las urnas. No menos cierto es que no había más donde elegir. Éstas son lentejas, si quieres las tomas y si no también. El paro y la inseguridad aumentan por estas tierras; el turismo inglés se retrae y la venta de viviendas a británicos en de la Comunidad Valenciana pasa por un momento de crisis. Pero los políticos se dedican a piropearse con mal estilo y a discutir sobre el sexo de los ángeles, es decir sobre estatutos de autonomía. Con el agravante de que el Estatuto de Cataluña supone una inyección financiera de miles de millones y el Estatuto de la Comunidad Valenciana lo único que logra es que el valenciano no se llame catalán.
Lo que no se entiende son los disparates de algún profesor universitario elogiando el Estatuto de Cataluña y los beneficios que de él se van a derivar para la autonomía valenciana, convencido de que, gracias a Zapatero y Mas, Francisco Camps se ha salido con la suya, o con el suyo, un Estatuto de todos, menos de IU, de ERC y de CiU, además de el Bloc, que tiene voz pero no voto.
Lleva razón ZP cuando intenta arrear caña al PP y a Rajoy, ante una militancia socialista en Granada, diciendo que el PSOE «da» mientras el PP «pide», no sé si en alusión a lo mucho que dan el Gobierno socialista y el PSOE a Cataluña, pero no debía de ser eso, porque los militantes y simpatizantes le rieron la ocurrencia. No en vano a los andaluces de Manuel Chaves los ganó para la causa con los millones de la deuda histórica con Andalucía.
ZP hace bien en repartir caramelos, en dar, mientras Rajoy se dedica a pedir firmas para un referéndum sobre el Estatuto de Cataluña, convencido de que está en juego el futuro de la Constitución y de España. La pena es que Joan Ignasi Pla se haya conformado con migajas estatutarias de Zapatero, hasta el punto de que sus amigos de Esquerra Unida le llaman traidor.
Seguirán los políticos hablando del Estatuto durante mucho tiempo. Los grandes problemas, los que preocupan a la gente, pueden esperar.