El tiempo dirá si el punto que España (31-31) logró ayer con mucho sufrimiento es vital o no. Lo que sí está claro es que la selección de Juan Carlos Pastor flojeó, excepto en los cinco primeros minutos, cuando ganó por 0-5. El empate obliga a España a no perder ante Francia (sábado, 16.15 horas, La 2) para depender de sí misma.
Pero el arranque en tromba de los hombres de Pastor aplacó a la hinchada germana: Uríos metió el 0-1 con salero, de espaldas, y la defensa española en cuña (era casi un 3-2-1) atascaba el ataque alemán. Y como Iker Romero confirmó que mejora mucho en los partidos de alta tensión, el marcador era muy inesperado a los cinco minutos: 0-5, ante el asombro de los seguidores alemanes, cuyo equipo parecía estar en el limbo.
Mientras los germanos iban asentándose, Pastor comenzó a hacer cambios, tal vez porque recuerda que la dosificación de jugadores fue una de las claves del triunfo de España en el Mundial de Túnez. Pero los jugadores de refresco lo hicieron peor -especialmente Garabaya, muy inferior a Uríos en el pivote- y, extrañamente, no pisó la cancha el cañonero Julio Fis, ni siquiera durante los minutos de superioridad numérica, a pesar de que la cerrada defensa germana era muy apropiada para él. Además, los contraataques españoles brillaban por su ausencia.
España, con 31-31 en el electrónico, tuvo el balón de la victoria. Restaban 15 segundos para el final, sin embargo, Chema Rodríguez, golpeado por un rival, no fue preciso en el pase a Davis. Los árbitros pitaron un salomónico saque de esquina y España ganó un punto, o quizá lo perdió, según se mire. Ahora está obligada a no perder el sábado con Francia, quien se las verá con Alemania el domingo.