Cuatro ha estrenado la serie norteamericana House, que sustituye a Roma en la noche del martes. Se trata de un producto de la Fox que viene con los mejores avales: figura entre las diez mejores series de la temporada en los Estados Unidos y trae cuatro candidaturas a los Emmy (los Oscar de la tele) y un Globo de Oro. El público español no siempre es receptivo a tales méritos (véase el caso de Urgencias), pero son datos que permiten valorar bastante objetivamente su calidad. Se trata de una serie de médicos: el eje de la narración está compuesto por casos clínicos, los personajes son galenos de diverso peso y el escenario es un hospital. El inventor de la cosa es Bryan Singer, conocido por X-Men y Sospechosos habituales. House, en realidad, es un señor: el doctor Gregory House, un tipo inaguantable, malencarado y borde, cuya única virtud visible es un sorprendente talento intuitivo para resolver casos difíciles a base de tratamientos imaginativos y rectificaciones sobre la marcha.
Buena parte del peso de la historia descansa sobre el actor que encarna a House, Hugh Laurie, que lo hace verdaderamente bien (para él fue el Globo de Oro que adorna el expediente de la serie). Y lo más llamativo de la puesta en escena es, sin duda, la reconstrucción en imagen de los procesos fisiológicos, desde el comportamiento de una tenia hasta un proceso alérgico pasando por el virus del sarampión, como hemos podido ver en los primeros capítulos. Aquí hay que quitarse el sombrero ante la pericia técnica de House, porque pocas veces se ha visto en pantalla, al margen del género documental, un retrato tan exacto de la vida microscópica. A esos recursos, House añade otros elementos típicos de las series de médicos: la agitación del quirófano, la raja en vivo, la traqueotomía a pelo y, en fin, esas cosas que normalmente erizan los vellos del espectador.
Con todo, nada sería más injusto que limitar esta serie a un espectáculo hematológico (o sea, sangre e higadillos). Porque, por encima de todo eso, House exhibe unos diálogos de agilidad extraordinaria, un ritmo que atrapa la atención desde el primer momento, un planteamiento narrativo de implacable realismo, unos diálogos repletos de reflexiones sugestivas y, además, un sentido del humor muy bien administrado, y el conjunto de todas esas cosas provoca en el cerebro del espectador un masaje de lo más estimulante. Este estreno ha obtenido unas cifras de audiencia notables: más de 1,7 millones de espectadores, cerca del 10% de share, que en el contexto de Cuatro es algo así como la conquista de las fuentes del Nilo. Realmente House merece su fama y su éxito. Vale la pena verla.