La Sección Primera de lo Penal de la Audiencia Nacional ordenó ayer el embargo inmediato de todos los bienes que estén a nombre de Kandido Aspiazu Beristain e Ignacio Zuazolazigorraga, los etarras que en 1980 asesinaron al militante de UCD Ramón Baglietto y que supuestamente regentan sendos negocios sin haber satisfecho la indemnización a sus víctimas.
El embargo no es inmediato, y cabe recurso ante el Tribunal Supremo. Pero, entre tanto, la Audiencia Nacional ha remitido requerimientos a la Agencia Tributaria y a las haciendas forales de Álava, Guipúzcoa, Vizcaya y Navarra para que lleven a cabo una «completa investigación patrimonial» no sólo sobre los bienes inmuebles a nombre de los dos terroristas, sino de sus cuentas bancarias, sueldos, activos, ayudas, subvenciones o posibles subsidios públicos a fin de que también puedan ser bloqueados.
La Audiencia Nacional también se ha dirigido a la Dirección General de Tráfico (DGT) para conocer si los dos etarras condenados tienen vehículos a motor que puedan ser requisados.
El ponente del fallo y presidente de la Sala de lo Penal, Javier Gómez Bermúdez, llega en su resolución más lejos incluso de lo que planteaba la Fiscalía. El Ministerio Público reclamó la pasada semana sólo el embargo del negocio y de una cuenta de La Caixa a nombre de Aspiazu, el etarra que en marzo de 2005 abrió una cristalería en el mismo inmueble de la localidad guipuzcoana de Azkoitia en el que vive desde hace décadas Pilar Elías, viuda de Baglietto que por tercera legislatura consecutiva ejerce como concejal del PP en el Ayuntamiento de Azkoitia. Por su parte, Zuazolazigorraga regenta un restaurante en las proximidades de Tolosa (Guipúzcoa), según ha denunciado la propia Elías.
Vidas unidas
Las vidas de los Baglietto y los Azpiazu parecen mezclarse una y otra vez de forma trágica. El primer cruce de caminos fue a principios de la década de 1960. Kandido tenía 14 meses cuando Ramón Baglietto le salvó de morir, como su madre y su hermano de dos años, atropellado por un camión. Dos décadas después, aquel bebé era un joven de 19 años que tomó parte en el asesinato de quien evitó su muerte.
Elías reconoce que es «muy duro» vivir en la actual situación, coincidiendo a diario con quien dejó huérfanos a sus dos hijos. Ella asegura que ha tratado de rehacer su vida sin preocuparse por el destino de quienes cometieron el atentado. «Físicamente no le conocía hasta que montó el negocio aquí debajo. Ni aun ahora sé cómo es su voz. Tampoco le voy a dar pie a que me hable», sostiene.