Los políticos y altos cargos se quejan muchas veces de los cuantiosos sacrificios personales que supone la responsabilidad que desempeñan. Sin embargo, las obligaciones no deben pesar para quienes tienen inquietudes en transforman la sociedad. Así lo interpreta uno de los pesos pesados de la Generalitat. El conseller de Infraestructuras y Transportes, José Ramón García Antón, sabe que «se puede llevar una vida plena en el ámbito familiar, a pesar de pasar mucho tiempo fuera».
García Antón, que llegó a la política por sus conocimientos técnicos en materia de infraestructuras, se ha convertido en uno de los hombres claves de los gobiernos del PP-CV. Hombre de gran trayectoria política, cuenta los sacrificios que han supuesto en su vida salto al ruedo público.
No se arrepiente de esta decisión, puesto que «quienes tenemos inquietudes y queremos hacer cosas para transformar la sociedad, no podemos ser muy sedentarios y debemos asumir nuevos retos. La ilusión por hacer cosas, y estar en este tema de las infraestructuras, carreteras, ferrocarriles, la defensa del agua,....Todo vale la pena este pequeño sacrificio personal de estar divididos o viajando». Ahora ya reconoce que le costaría «cambiar de forma de vida».
En su afán por cambiar de la sociedad, especialmente en materia de infraestructuras, está su profesión, su trabajo «y, sobre todo, mi principal vicio». Asegura disfrutar con lo que hace. Habla con pasión de su compromiso por «conseguir el agua que necesitamos, y recuperar un trasvase que nos han quitado injustamente». También se emociona al hablar de proyectos como el tren de alta velocidad o el Tranvía alicantino que llegará a San Vicente del Raspeig, su ciudad.
Ajustes políticos
La dedicación que le da a la vida política le cuesta momentos en su relación familiar. Curiosamente, sus problemas en el hogar no vinieron cuando Eduardo Zaplana confió en él para que fuera conseller de Infraestructuras. Con sus hijos en la Universidad, toda la familia se trasladó a Valencia. Las dificultades se produjeron hace seis años, en 1999, con la decisión de su mujer, Luisa Pastor, de presentarse a la Alcaldía de San Vicente del Raspeig: «Los primeros años del Ayuntamiento no fueron fáciles, y eso para mí, acostumbrado a despreocuparme de los temas de la casa, fue costoso y nos obligó a dar otros soluciones, con la suerte que la edad de los hijos -todos mayores- lo hiciera sin grandes traumas».
Aparte de algunos desaguisados en casa, los sacrificios personales que le han supuesto la política han sido escasos y los asume con resignación: «Quien realiza este tipo de trabajo en la actualidad es lo que toca», ya que «hoy en día son pocos los que comen y duermen y casa todos los días».
Críticas y miradas
No ha sido la falta de tiempo para los suyos el mayor obstáculo, sino las críticas y miradas que sobrepasan el foro parlamentario y llegan hasta los más allegados. «Quizás el mayor sacrificio es la vida pública que uno lleva, lo que provoca que cualquier otra cosa que pasa desapercibida para la gente, para la tuya sea un sacrificio, sobre todo para los más pequeños, pero se acostumbran a ellos».
A pesar de ello, «no cambiaría ninguna decisión», entre otros motivos porque reconoce que la mayor vocación política en su casa, no era la suya sino la de su esposa: «Eso de llegar a casa y encontrarte a la alcaldesa del pueblo es muy duro, pero creo que ella siempre ha tenido más vocación que yo en la política, y por hacer proyectos para nuestro pueblo». A aguantar y a tratar «de ayudar a la alcaldesa en todos los proyectos que puedo».
Porque García Antón conoce prácticamente todas las infraestructuras de los pueblos de las tres provincias, en los que le gusta estar presente: «Se trata de ajustar agendas para aprovechar las estancias, ya que el conseller tiene que estar pendiente de las infraestructuras de las provincias».
La distancia, en su opinión, «no es problema ahora», y la compara con quienes viven alrededores de Madrid y trabajan en el centro. «Ellos tardan hora y media, algo más que la distancia entre Valencia y San Vicente del Raspeig». Aunque intenta minimizar los trayectos, a veces no se puede y hay que pasar la noche lejos de casa. Hace seis años fue algo traumático, aunque ahora incluso reconoce que es bueno para la relación de pareja.
Y entonces, llega la recompensa, «los fines de semana nuestra casa es el punto de contacto de nuestros hijos, además de quedar alguna generación anterior a la nuestra». Intenta aprovechar la tregua del domingo para disfrutar de su única nieta, aunque dice que no es «un abuelo al uso».
Ni siquiera los fines de semana enteros, «pues muchas mañanas del sábado tenemos actos de partido, y hay que acudir».
En esos momentos fuera de la corbata, los focos y las reuniones, García Antón intenta alejarse de carreteras y urbanizaciones, «andar con alguien por el campo, normalmente por la zona del pantano de Tibi, si hace buen tiempo, sino por la Universidad de San Vicente para distraerse y hacer ejercicio», aunque en un lapsus reconoce que, allá por donde pasa, se dedica a ver «el estado de las obras que se están realizando por la zona».
Junto al pasear por el campo y la familia,García Antón suele dedicar los fines de semanas que puede a leer, e ir al cine, «siempre que puedo», además de salir con los amigos a cenar o tomar algo en el bar, mientras se comentan cosas en general, pero pocas veces relacionadas con la política.