Es evidente la importancia que tiene el juego en el desarrollo del niño, sin embargo los chavales dedican cada vez menos tiempo a esta actividad. En los primeros meses de vida el contacto con las personas más próximas afectivamente mediante realización de masajes o el propio baño, las canciones o simplemente la conversación, requiere una dedicación de tiempo que a veces resulta difícil conseguir. Hemos de esforzarnos y no descuidar ese elemento que es fundamental para él. En la etapa preescolar ese contacto con los padres o con otros hermanos o niños de parecida edad les puede servir de ayuda para descubrir los juegos más elementales.
Es una etapa en la que el juego debe potenciarse, para lo que es fundamental que posean libertad de movimientos, aunque esto nos suponga una cierta incomodidad. Conforme los niños avanzan por la etapa escolar el juego resulta desplazado por otras actividades, algunas de ellas útiles, como las tareas y actividades extraescolares, pero otras más peligrosas como la televisión, que tenemos que recordar que no es un juguete más.
Los educadores insisten siempre en que los niños deben tener tiempo para jugar. El niño que no juega tiene peligro de no desarrollar todas las facetas necesarias para su formación como persona. Los padres deben estar siempre atentos para que los chavales dediquen al juego el tiempo necesario. Han de compartir entretenimiento con ellos y transmitirles afecto y seguridad desde los primeros meses. Participar en sus distracciones contribuye a su desarrollo como persona en todas las facetas de la vida, lo que da una idea de la importancia de conocer sus gustos y necesidades. Los juegos tradicionales resultan útiles como actividades al aire libre.