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Libertad de información, libertad de expresión y libertad de opinión están a punto de ser asesinadas, de momento en Cataluña (por los políticos, no por el maravilloso pueblo catalán) y puede seguir en el resto de España (también por el actual Gobierno). Ya se intentó y casi se consiguió matar a Montesquieu en otro gobierno socialista; como dice Carmen Iglesias en su libro sobre El pensamiento de Montesquieu, el hombre «siempre ávido de poder», con tendencia siempre al abuso, según se vio, puede lograr, por la manipulación del temor y la corrupción conjuntamente, que los otros hombres renuncien a su propia libertad, a su propia actividad. Así se forman los regímenes despóticos, las tiranías o dictaduras explícitas o encubiertas. Esa «esclavitud que comienza siempre por el sueño» cobra aquí el sentido profundo que vincula la servidumbre con la pasividad, con la resignación a no ejercer la propia libertad.
Están pasando bastantes cosas para que continuemos hablando en voz baja o en círculos muy íntimos como si la democracia no existiera es nuestro país, como si no tuviéramos libertad, Estado de Derecho, como si dieran pasos para atrás; sin darnos cuenta de que la democracia no puede vivir sin la verdad, al revés del totalitarismo que no puede vivir sin la mentira. La democracia se suicidaría si se dejase invadir por la mentira, y el totalitarismo, si se deja invadir por la verdad... Ya decía López de Vega que mentir para medrar es uso de la razón del estado de servir. Esto ya no es el Estado Leviatán, estamos acercándonos al Estado Minotauro. La diferencia entre el Estado Leviatán era ya en el propio Hobbes un estado de Derecho, y sin embargo el Estado Minotauro es un Estado dinámico que instrumentaliza el Derecho al servicio de sus fines, enemigo de la sociedad a cuya costa prospera, y en este sentido entrópico, cuyo objeto inmediato, según Jouvenel, es la movilización total, en último término, la guerra. El Estado Minotauro lleva en su seno a Leviatán y Behemoth, el orden y la revolución. Estado Minotauro equivalente a Estado total y normalmente se deriva a Estado totalitario. Ya Hayek en Camino de servidumbre nos ponía en guardia contra la tendencia de las naciones libres hacia el totalitarismo al que combatían, debido principalmente al intervencionismo económico, a la planificación... El Minotauro trata de ser eterno como el poder; el Estado es el palacio que construyó Hobbes, moderno Dédalo, para albergarlo.
Frente a la libertad, de momento, el Consejo Audiovisual de Cataluña (CAC) para introducirnos en el túnel del tiempo hacia la época de la censura franquista, cuando se cerraba o volaba a algún medio de comunicación por ofender al dictador. Pero la gran diferencia es que el dictador no creía en la democracia, pero éstos ¿creen en la democracia?, de entrada no creen en la constitución, dado que el artículo 81 dice de forma taxativa e inequívoca que el desarrollo de los derechos fundamentales y las libertades públicas ha de realizarse mediante ley orgánica, y la Generalitat no es competente para legislar ni sancionar en materia de libertad de expresión; bueno, por ahora. Bentham decía que el escudo de los prevaricadores era: «Quien nos ataca, ataca al Gobierno», «destruirnos, y habréis destruido al Gobierno mismo», «convertirnos en objeto de desprecio, y habréis hecho despreciable al Gobierno».
Michael Winock en su libro Las voces de la libertad dice que la liberación definitiva de la prensa impulsa a los escritores a convertirse en pilares del periódico, pero el público cada vez tendrá más tendencia a preferir los sones del bombo a la música dulce. Instrumento muy acariciado por los demagogos, en tanto que arma de combate de los pensadores, la prensa se convierte en el cuarto poder, pero comprado, vendido, pero comprado, vendido, corrompido demasiado a menudo. Por medio de una prensa libre, competitiva y ampliamente difundida la vida política se abrirá más allá de las filas de una oligarquía de profesionales, y la democracia tendrá alguna posibilidad de existir. La libertad de prensa no confiere calidad a los medios de comunicación, pero permite la vigilancia y la contestación de los poderes, garantiza la libertad individual, el recurso contra lo arbitrario. Benjamín Constant en la Cámara de los Diputados, el 7 de julio de 1821, afirmaba que cuando los periódicos sean libres, las ventajas de la libertad contrarrestarán sus inconvenientes. El nunca máis, no sólo es para unos y no para sólo los otros; el nunca máis es para todos.
En una sociedad en la que hay leyes, y en el que existen tres clases de poderes, la libertad sólo puede consistir en poder hacer lo que se debe querer y en no estar obligado a hacer lo que no se debe querer. Para que exista la libertad es necesario, así nos lo recuerda Montesquieu, que el Gobierno sea tal que ningún ciudadanos pueda temer nada de otro. La libertad de prensa no sólo deja sentir su poder las opiniones políticas, sino también sobre todas las opiniones de los hombres, no modifica solamente las leyes, sino también los hábitos. Señalaba Tocqueville que la libertad de prensa no la veía con el mismo talante que el patriotismo o la virtud, la quiero por la consideración de los males que evita más que por los bienes que realiza.