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Martes, 3 de enero de 2006
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EDICIÓN IMPRESA
CULTURA
Cien años dando la lata Un mercado centrado en la Navidad La moto de Pedrosa y el coche de Fernando Alonso, estrellas de las fiestas
De Ibi salieron en 1905 los primeros juguetes que se fabricaron en España Hoy la industria se adapta a la competencia de China y el imparable auge de la videoconsola
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JUGAR NO PASA DE MODA
Del siglo IV data una muñeca de marfil hallada en la necrópolis romano-cristiana de Tarragona. Tiene brazos y piernas articulados.

En la Edad Media los juguetes más populares en España fueron las muñecas con sus ajuares, cochecitos, y otros destinados a hacer ruido como la carraca o los silbatos.

El Renacimiento no democratiza el juguete, que sigue siendo un artículo de lujo, en muchas ocasiones utilizado como regalo entre monarcas.

Siglo XVIII: Las muñecas van acompañadas de sus vestidos, animales o muebles en miniatura, cacharritos de cocina y vajillas. Al caballo de madera se le añade el balancín. Se extiende el cochecito.

A principios del siglo XX se fragua una verdadera industria. Onil fabrica las primeras muñecas e Ibi produce los juguetes de hojalata.

En la guerra civil algunas jugueteras son desmanteladas. Con su maquinaria se produce armamento.

Años 60: se generaliza el uso del plástico y crecen las exportaciones.

La informática desarrolla hoy una nueva forma de elaborar juguetes.
Por la avenida del Juguete, en la carretera que viene de la localidad alicantina de Onil, se accede al pueblo más infantil de España, Ibi. Vivieron allí tres hermanos, Vicente, Emilio y Pascual Payá Lloret; hijos de Rafael Payá Picó, a quien todos en el valle conocían como el hojalatero Payá por ser éste su oficio. Los chicos crecieron jugando al trompo, la taba y la pelota. Y cuando llegó el momento de tomar decisiones adultas, optaron por seguir la vía paterna, pero a su manera.

Compraron la fábrica a su progenitor, utilizaron los retales de la producción artesanal, convirtieron en miniaturas los utensilios domésticos de hojalata que su padre había fabricado (tazas, platos, candiles, regaderas ) e inventaron unas piezas metálicas que se accionaban por resorte. Imbuidos de optimismo, bautizaron a la factoría como la Sin Rival. Payá Hermanos, «única en España en trabajos adelantados», rezaba la primitiva publicidad de la firma. Era la primera fábrica de sueños que nacía en Ibi. Una jugada maestra.

Aquellos primeros juguetes ni de lejos se parecían a la moto de tracción mecánica de Pedrosa, al bólido por radiocontrol del campeón de la Fórmula 1 Fernando Alonso, a los tentes con ordenadores en tres dimensiones, a los videojuegos de Harry Potter y a las nuevas muñecas de 90 centímetros con todo tipo de accesorios que estas Navidades causan furor. Los primeros mecanismos de hojalata -material parecido al hierro que no se oxida y es más maleable- se coloreaban a mano y tenían mil formas -motos con sidecar, carruseles, un futbolista, un bombero, un barrendero -. No hablaban, no llevaban pilas, no hacían ruiditos extraños ni desprendían luces psicodélicas, pero divertían a los niños ricos, los únicos que podían comprarlos. Y a las niñas. La Sin Rival también abrió en Alicante una delegación dedicada a hacer cocinitas de lata.

Los Payá no tardaron en cosechar éxitos y en marcar el camino para una industria juguetera que en los años siguientes se consolidaría en el mismo municipio. Muchos empleados que aprendieron el oficio en la fábrica matriz crearon su propia firma. Llegaron a abrirse un centenar de empresas jugueteras. Ibi, cuyas gentes se habían dedicado a comerciar con nieve y a elaborar helados artesanales, cuando no se veían obligadas a emigrar a Aragón o a Castilla, a la siega, a Argelia, a la poda de viñas o a Navarra para fabricar tejas, cambió de pies a cabeza.

Fabricantes de sueños

En treinta años, el perímetro del pueblo se multiplicó por cinco. De Ibi salían cientos de juguetes para niños de toda España. Y otros tantos para fuera del país. Hasta hoy. La factoría Payá sigue en pie. No son los cuatrocientos que llegaron a estar en nómina, pero una docena de empleados unidos en cooperativa ha tomado el relevo y crea sueños, como antaño. Las matrices y los diseños litográficos originales se conservan en perfecto estado, al igual que los moldes de hierro que se precisaban para construir primero el prototipo en madera y luego el juguete.

La razón es simple: la firma se afana en reeditar los juguetes de chapa de pura cepa española que aparecieron en los catálogos de los años 20 y 30. Piezas que se creían perdidas en el tiempo. Compran las planchas de hojalata en la localidad vizcaína de Baracaldo y las litografías las encargan a una empresa de Alicante. Sus clientes son niños mayores: museos, coleccionistas y nostálgicos. En ocasiones les llegan encargos especiales: un carrusel para la película Tiovivo c.1950 (2004) de José Luis Garci, un barquito para el Atlético de Madrid Sólo fabrican una miniatura de plástico, «el seat 600, pues encontramos el molde intacto», avanza Lino Vila, presidente de la cooperativa Payá.

Con motivo del centenario del juguete que Ibi conmemora estos días, la fábrica que dio lugar al milagro juguetero enseña sus clásicos en una muestra entrañable, sin detener su ahora modesta producción. «En estas fechas estamos sacando al día diez carruseles y tres bugattis de juguete correspondientes a 1927», explica Vila, empleado de Payá desde hace más de tres décadas. En el interior de este vehículo va colocada una figura de hojalata de la bailarina estadounidense Isadora Duncan. «La mujer salió a dar un paseo el 14 de septiembre de 1927 a bordo de su bugatti. Iba a toda velocidad por las cercanías de la ciudad francesa de Niza cuando su largo chal rojo se enredó en los radios de las ruedas traseras del automóvil y, sin poder librarse de él, murió estrangulada». Lino Vila retorna al presente y revela con orgullo que «quedan en el mundo cinco fábricas que han llegado a cumplir cien años de vida. ¿Payá es una de ellas!».

Marca de identidad

No hay ibense que no haya sido juguetero. La propia alcaldesa del municipio, Mayte Parra, evoca: «Mi padre trabajaba en la única fábrica de muñecas que hubo en Ibi, en casa hacíamos nuestra propia producción doméstica y yo también montaba piezas». Salvador Miró, que ostenta la presidencia de la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes (AEFJ), llegó a compaginar su trabajo en Rico S.L. -compañía posterior a la apertura de Payá- con sus estudios secundarios. En aquellos tiempos, Carmina Moltó jugaba a cocinitas. «Pero no como las de ahora, que tienen microondas, radio y lavadora, y además, todo funciona». Pero hoy le traen más de cabeza las matemáticas. En la fábrica Moltó, que lleva medio siglo en Ibi, quieren celebrar «otros cincuenta años más, por lo menos», aunque «está difícil. En China copian los diseños de juguetes occidentales y ya se sabe que la mano de obra allí es muy barata», lamenta Carmina.

Las decisiones importantes en esta firma se toman en una sala imponente, donde unos sillones de piel oscura custodian una formalísima mesa redonda de roble. Un ambiente sobrio que choca con los numerosos juguetes, de todas las formas y de todos los colores, que se encuentran repartidos por la estancia. La amalgama de artículos recuerda a los consejeros que la última palabra la tienen los niños.

Lo cierto es que el enemigo también está a este lado del mapa. Una empresa alemana, Markus Brehm, ha registrado la marca Ibi Toys sin pedir permiso al pueblo alicantino. El Ayuntamiento se ha visto obligado a tomar cartas en el asunto para «salvaguardar un sello distintivo». «Tenemos una experiencia, una tradición, un saber hacer y un prestigio que nos hemos ganado en cien años y dan un nombre propio a los productos que se hacen aquí, reconocidos a nivel internacional», defiende la alcaldesa Mayte Parra. Convencida está de que no habrá otro centenario que celebrar. «Éste se merece todos nuestros esfuerzos», dice.

Como Moltó, apuestan por sobrevivir en Ibi Feber, Coloma y Pastor, Reig, Chicos y otra media docena de empresas, bien conocidas por los niños, pero también, por los padres españoles. Algunas abren filiales en Hong Kong porque las grandes operaciones comerciales se cierran en China. En total, se reparten tres millones de metros cuadrados de suelo industrial para conseguir que el paro en Ibi se sitúe por debajo del 6%. Se trabaja de mayo a diciembre; la estacionalidad del sector, otra tarea pendiente.

En Ibi se concentra el 44% de la producción de juguetes en este país, pero las empresas que se dedican a ello no son las más prósperas del municipio. Basta echar un vistazo a los rótulos de las industrias más numerosas: transformación de plásticos por inyección, moldistas, fabricantes de concentrados de color, electrónica, menaje Trabajan para las jugueteras, y para otros clientes. Allí ha fijado también su sede el Instituto Tecnológico del Juguete (AIJU), que asume tareas de investigación social y pedagógica. Es la estela que ha dejado Payá. Y otra cosa. El único monumento conocido en el mundo dedicado a los Reyes Magos se puede visitar en Ibi. Al fin y al cabo, es una parada obligatoria en su travesía anual. Unos los desean, otros los compran y muchos los reciben. Así son los juguetes. «Mi madre me los tiró todos a la basura cuando llegué a la adolescencia y se suponía que no podía ya jugar», se apena José Pascual, director de la Fundación Museo del Juguete de Ibi. Sólo conserva un automóvil Mercedes de plástico con telemando de cable fabricado en los años 70. Regalo de una Navidad. Aún hoy, el 72% de la venta anual de juguetes se concentra en estas fechas.

Quizá con ánimo de tranquilizar al sector, Salvador Miró, presidente de la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes (AEFJ), apunta cómo «está demostrado que nuestros productos son una herramienta con la que el niño siempre acaba entretenido». Y añade al instante: «Lo que al niño se le escapa es si su juguete viene de Ibi o no». El uso de tecnologías también llega al segmento del juguete clásico, donde, a los conceptos del juego tradicional, el sector está aplicando nuevos avances tecnológicos que permiten una mayor interactividad del niño, aumentando así el potencial del juego y el valor pedagógico del juguete.

Este año el consumidor podrá encontrar en los escaparates juguetes inteligentes que responden a estímulos y que aumentan así sus prestaciones y funciones. Chips programables, reconocedores de voz, de movimiento, sistemas digitales, pantallas mágicas, nuevos y sorprendentes materiales, juegos en DVD y un largo etcétera potenciarán el valor lúdico y pedagógico de los juguetes estrella de esta campaña.

En este capítulo cabe destacar los vehículos de tracción mecánica o electrónica: la moto de Pedrosa (para mayores de tres años y que puede alcanzar los 9km/h), el coche de Fernando Alonso, triciclos electrónicos; las muñecas modernas de 90 centímetros de alto con todo tipo de accesorias modernos; un vehículo radio control anfibio de cuatro ruedas y siete funciones; tentes con ordenadores en 3D; juegos educativos con mayor interacción; muñecos sensibles como los tamagochis; andadores con múltiples opciones y, como no, las nuevas muñecas nenuco, ahora mucha más crecidas.

El sector juguetero español goza de buena salud. Así lo demuestran los últimos datos de ventas, con un incremento superior al 10% hasta septiembre, mientras la campaña navideña -donde se concentra el 72% de la venta anual- crecerá más del 4% con respecto al ejercicio pasado. Unas cifras «tranquilizadoras» para la asociación de jugueteros, a pesar de la creciente amenaza de la industria del videojuego en el mercado del ocio y sobre todo a la competencia desleal de los juguetes chinos, que ya ocupan el 63% de las importaciones a España.



Vocento
LA VERDAD DIGITAL, S.L. (SOCIEDAD UNIPERSONAL). Camino Viejo de Monteagudo s/n. 30160. Murcia. CIF: B73096802.
Inscrita en el Registro Mercantil de Murcia al Tomo 1.709, Libro 0, Folio 41, Sección 8, Hoja nº MU34509, Inscripción primera.