La Verdad

«El humor está en mi ADN, pero se valora muy poco»

Eduardo Mendoza, ayer en la sede el Instituto Cervantes en Londres. :: Facundo Arrizabalaga / EFE
Eduardo Mendoza, ayer en la sede el Instituto Cervantes en Londres. :: Facundo Arrizabalaga / EFE
  • Mendoza percibe el Cervantes como «un final de ciclo», pero asegura que no dará pie «a una despedida dramática tras ganar la Champions»

«Lo considero un poco el final de un trayecto, pero no una despedida dramática». Así recibió Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) el Premio Cervantes que lo consagró ayer como uno de los grandes de nuestra literatura, reconociendo y reivindicado un humor de «estirpe cervantina» que lleva en su ADN, «pero que ha estado hasta ahora poco valorado». Mendoza, que vive a caballo entre Londres y Barcelona, supo que era el ganador mientras caminaba por una calle de la capital británica. «Agobiado» por las constantes llamadas de amigos, admiradores y periodistas, el veterano autor comparecía a media tarde en rueda de prensa en la sede del Instituto Cervantes de la ciudad del Támesis.

Explicó cómo en su paseo recibía la llamada de un número desconocido que le inquietó. Era el ministro Méndez de Vigo, quien le comunicaba la buena nueva desde Madrid. «Me he llevado un susto. Me he dicho 'madre mía, qué apuro, y no está Carmen Balcells'», explicó Mendoza recordando afectuosamente a la legendaria agente literaria, la 'Mamá grande' de tantos y tantos escritores, además de su «consejera y amiga», fallecida hace poco más de un año.

Al repasar una carrera que va de 'La verdad sobre el caso Savolta' a 'Riña de gatos. Madrid 1936', el autor barcelonés reconocía divertido que uno de los libros que «más puertas» le ha abierto en su vida es 'Sin noticias de Gurb', que se publicó antes por entregas en un diario. «Me convirtió en un escritor de humor, leído por niños, adolescentes y otra gente de mal vivir. Es difícil, para bien o mal, encontrarse a alguien que no conozca el libro en España», se felicitó. «No sé ni cómo ni por qué la escribí, pero quizá fue el momento cumbre y más inesperado de mi carrera literaria», informa AFP. También destacó como una de sus novelas más importantes 'El misterio de la cripta embrujada' (1979) porque «abrió el camino a un tipo de literatura más callejera».

Quiso aprovechar la ocasión para reivindicar el humor en la gran literatura. «El humor ha estado hasta ahora poco valorado», dijo. «Siempre se ha pensado que la novela, para ser buena, tenía que ser dramática, y era inútil recordar que en 'El Quijote', en el 'Lazarillo de Tormes', en las obras de Quevedo o en las de Dickens hay humor», reivindicó.

Reconocido dentro y fuera de España, a sus 73 años el escritor barcelonés cree que este tipo de premios sirve para «hacer balance». «Llega un momento en que por razones biológicas, y personales, uno ha de pensar en retirarse. Quizás tendría que hacerlo, ahora que he ganado la Champions», bromeó. Ganar el Cervantes «no quiere decir que no vaya a hacer nada más», acotaba a renglón seguido, reconociendo «su importancia» y valorando «el momento en el que llega».

El «fin de un ciclo» que comenzaba en 1975 cuando publico 'La verdad sobre el caso Savolta' «cargándome de responsabilidades con el Premio de la Crítica que ganó en 1976». «He vivido cincuenta años pensando que todas las esperanzas que se depositaron en mí quedarían frustradas, pero, ahora, al recibir este premio, veo que las cosas han salido más o menos bien», ironizó.

Aclaró Mendoza que su residencia ocasional en la capital británica nada tiene que ver con la situación política de Cataluña, «donde nunca he tenido ningún problema ni personal ni oficial». Precisó que sencillamente considera Londres su «refugio». Tampoco ve como «una rareza» la circunstancia de ser catalán y escribir en castellano. «Si tuvieran que darle un premio a todos los catalanes que escriben en español se agotaría el presupuesto del Ministerio de Cultura», afirmó jocoso el escritor.

Agradeció al jurado que afirmara en su fallo que su obra «sigue la escena de la tradición cervantina». A pesar de admitir que la formulación le parecía «un tanto pedante», reconocía que el autor de 'El Quijote' fue «una gran influencia». Como en su predecesor «el humor es algo que está en mi ADN». «Es una forma de estar en el mundo y emplearlo no supone dejar de lado la búsqueda de la excelencia», concluyó.