La Verdad

Fernando Arellano (d), junto a un compañero de rehabilitación.
Fernando Arellano (d), junto a un compañero de rehabilitación. / R. A.

'Invictus' para crear zapatos

  • El empresario Fernando Arellano lucha por superar un ictus y lanzar su propia marca de calzado femenino

  • El emprendedor eldense recupera, tras cuatro años de dura lucha, el habla, la visión y parcialmente la movilidad antes de lanzar su propia marca de calzado de mujer

Una fría y oscura noche de diciembre en la Barcelona de 2012 le cambió la vida por completo. Fernando Arellano, que solo tenía 40 años, sufrió un ictus demoledor tras el que perdió el habla, la vista y toda la movilidad. Incluso le extrajeron parte de su cuerpo. Nada menos que un trozo del cráneo. Estuvo seis meses sin él. Y doce en una silla de ruedas. Cuatro duros años de rehabilitación le han devuelto el habla, la visión y algo de movimiento salvo en el pie y la mano izquierda. No solo eso. También le han retornado las ganas de vivir y, sobre todo, de trabajar por y para el calzado de mujer de Elda. Su estrella. No en balde, de pequeño, los pañales se los cambiaban entre zapatos y jugaba con sus primos, en el taller de su abuelo, a hacer tirachinas con los restos de pieles. Ejemplo de superación personal y profesional elevada a la máxima potencia, Fernando está a punto de lanzar su propia marca de calidad 'made in Elda'. Pero su proyecto 'Invictus For Shoes' necesita de un ángel: el financiero. Para que este 'chef' del calzado pueda cocinar el calzado de la mujer actual: elegante de calidad y cómodo.

«Nací prácticamente en una caja de zapatos». Fernando Arellano no exagera. Su abuelo materno, manchego de origen, pero eldense residente y de corazón, tenía una fábrica en la planta baja de su casa. Como explica Fernando, un superviviente de la Guerra Civil en busca de un mejor porvenir para su familia. Por la parte paterna, también se vio imbuido de tacones y hormas. Su abuelo era comercial de fábricas eldenses en Asturias y Galicia.

La vida de este joven diseñador y fabricante está indisolublemente ligada a los zapatos y a Elda, lugar de nacimiento del que se ausentó físicamente, que no del alma, por estudios y trabajo. Estudió Ciencias Empresariales y, con apenas dieciocho años y animado por su padre Fernando Arellano y por su tío Vicente Arellano (conocido empresario de Elda que impulsó la antigua FICE que después se convertiría en IFA, la cual presidió casi una década), marchó a Alemania. Allí vendió calzado por todas las regiones y para varias casas del Vinalopó, incluida Salvador Sapena. Su periplo zapatero no se detuvo en el gigante germano. Le llamó una empresa de Elche, con apenas 22 años, para coordinar el departamento de toda Europa y desarrollar colecciones, crear redes de ventas y espolear la exportación. Diez años creando y produciendo zapatos para los mejores clientes del mundo como Aldo, Kurt Geiger, Top Shop o Sacha.

Y la piel del calzado sigue serpenteando en su itinerario vital. Con apenas 32 años, decide independizarse. O sea, eso que hoy está tan en boga: emprender o hacerse empresario. Creó su propia marca y firmó contratos hasta con la cadena sueca H&M para desarrollar sus colecciones especiales Madonna o Viktor&Rolf. Con energía desbordante, incluso tuvo tiempo para constituir su propia plataforma en internet, Quickerland. Su travesía no fue precisamente por el desierto y recaló, tras más de un lustro en Alemania, donde aprendió el idioma, en la ciudad condal. Allí desarrollo modelos para las afamadas marcas Custo y Desigual. Incluso abrió una pyme de tecnología digital. Heredó literalmente los conocimientos sobre todos los procesos zapateros. Estaba en la cresta de la ola.

«Estaba durmiendo»

Todo se torció esa maldita noche de diciembre. Estaba durmiendo y, tras sufrir la crisis vascular, estuvo diez horas sin que la sangre regara su cerebro. Relata cómo incluso se notó cómo la voz y el movimiento no le funcionaba al despertar y se llamó a la ambulancia. «Puedo iniciar mi segunda vida gracias a esa rapidez», explica emocionado Fernando. Lamenta que no le diera tiempo a ser padre, pues se casó en julio y apenas medio año después le cambió la vida a causa del ictus. Aunque, sin perder nunca el sentido del humor y el amor al sector familiar, afirma convencido que «cada modelo de zapato que creo es como si hubiera yo dado a luz, una sensación única en la que hueles a piel y a cola».

Asegura que, tras cuatro duros años de rehabilitación, ha recuperado no solo la vista, el habla y parte de la movilidad, sino también «la plena energía en esta segunda vida para crear mi propia marca de calzado de gama alta hecha totalmente en Elda». «Y voy mejor con el tobillo y la muñeca, pero tengo que llegar a lo último, al pie y a la mano izquierda, a ver si pinchándome Botox; menos mal que soy diestro», añade el joven eldense.

Poco después de esta conversación, emprende viaje con una ambulancia sanitaria hacia la clínica Uner del barrio alicantino de Altozano. «Una maravilla», subraya Fernando, quien no se olvida ni de su madre Ana María Ibáñez, que dio nombre a la empresa del abuelo, Creaciones Ana, «porque es la que lleva cuatro años cuidándome», ni de sus amigos. A estos les quiere de modo profundo y lo justifica.

«Cuando estuve solo en Barcelona, cogían el coche y se plantaban allí en solo cuatro horas para ducharme y vestirme», recuerda mientras traga saliva. Además, y no sin negro humor, recuerda cómo, al salir del hospital, le trajeron a Caudete a celebrar una chuletada. «Mi cráneo se quedó en Barcelona mientras mi cuerpo estuvo en Caudete; después se volvieron a juntar», relata con pasmosa naturalidad.

Fernando valora ya en su justa medida el concepto salud. Dice que llora a diario solo con poder ducharse y orinar solo. «Es la ostia», subraya, poco antes de musitar lo que realmente le haría feliz. «Quiero trabajar; me encanta trabajar». Por ello, hace un llamamiento a las incubadoras, aceleradoras o ángeles financieras de emprendedores para lanzar su proyecto al mercado. Tiene experiencia e incluso cartera de clientes y cartas de recomendación. Lo ha denominado, en un claro juego de palabras que no es sino un guiño del triunfo frente a la enfermedad, 'Invictus For Shoes'. Y la marca estrella de calzado de calidad de mujer, a punto de alumbrar, incoporará alguna alusión al mar Mediterráneo. La luz y el color son los que quiere imprimir en las nuevas colecciones. «Voy a hacer un zapato de mujer para vestir bien y para ir por la calle informal, pero cómoda, con un elemento de I+D que permitirá que caminar con tacón sea un acto placentero», adelanta. Y se impone un reto más sobresaliente: «Quiero levantar Elda, porque en las dos últimas décadas no se han hecho las cosas del todo bien, dependemos de los pedidos de los italianos que saben vender mejor y de Stuart Weitzman, quien si cambia de proveedor y cierra las diez fábricas que le trabajan aquí mi pueblo se muere». Tal es el amor por su Elda que incluso proyecta becas jóvenes destinadas a eldenses para el diseño de Inescop «para motivarlos y que nunca se pierda la tradición por el zapato de calidad manual». Por eso tiene prisa. Y porque, como razona, no tiene un duro para arrancar su proyecto 'Invictus'. Pero tampoco le quedará para vivir cuando le retiren los 800 euros de pensión mínima, «porque este pie me va a hacer caso y se va a volver a mover». El movimiento lento pero firme de su frágil y joven cuerpo quiere observarlo también entre los 'business angel'. Por ello coge de nuevo aquel tirachinas con retales de cuero del taller de su abuelo y les lanza un recado a gritos: «Tengo programado mi futuro en mi Elda, solo necesito ayuda». Es su sueño y por él camina en esta segunda vida.