La Verdad

La provincia supera las expectativas y dona comida para ayudar a 36.000 alicantinos

Un niño entrega a dos voluntarios una botella de aceite en uno de los puntos de recogida este sábado en Santa Pola.
Un niño entrega a dos voluntarios una botella de aceite en uno de los puntos de recogida este sábado en Santa Pola. / E.B.
  • El incremento en los puntos de recogida logra aumentar la cifra de kilos de alimentos para que miles de familias sin recursos tengan garantizadas las fiestas de Navidad

Un ejército de más de 3.000 voluntarios ha conseguido que la Gran Recogida de Alimentos en la provincia sea un éxito y supere las expectativas. La provincia se volcó el pasado viernes y sábado en la donación de alimentos a pesar de que la lluvia y la jornada 'black friday' hacía temer que bajaran las entregas. No fue así. El incremento de puntos de recogida en supermercados permitió recaudar 450.000 kilos de comida que cubrirán durante un mes la demanda de 36.000 alicantinos sin recursos.

«Ha ido muy bien, se han superado las expectativas», afirmó ayer Juan Vicente Peral, director del Banco de Alimentos, entidad que ha decidido que la recogida se quede en la ONG de cada municipio donde hay necesidad.

Según Peral, dos factores podían ir en contra de esta campaña, sin olvidar que la sociedad lleva ya ocho años ayudando y sirviendo de colchón a muchas familias necesitadas: las precipitaciones perjudicaron y el viernes se celebraba, además, el día de los descuentos que llevaban a la clientela a tiendas no relacionadas con la alimentación. «El sábado se compensó, pero gracias a que se ponían en juego más puntos de recogida, de los 210 del pasado año se ha subido a 318», destacó. Además de las grandes superficies quisieron colaborar medianos y pequeños establecimientos, lo que contribuyó a que más personas se acercaran a hacer una entrega. «La sociedad siempre responde fenomenal, pero creo que no se debería recurrir tanto porque los ciudadanos ya tienen sus responsabilidades ayudando a familias y amigos», reconoció el director del banco.

En estos dos días de recogida se han logrado 40.000 kilos más respecto al pasado año. Se han alcanzado los 450.000 kilos, una cantidad que permitirá dar respuesta a los 36.0000 alicantinos que atiende el Banco de Alimentos de la provincia y durante todo un mes. En algunos puntos, los voluntarios entregaban a las personas que querían colaborar unas notas donde se apuntaban los alimentos que eran más necesarios como cacao soluble, azúcar y alimentación infantil frente a pasta, arroz y legumbres donde «hay un poco de saturación» al ser siempre lo más socorrido. En el caso de las legumbres, mejor que fueran ya cocidas ante los casos que hay de pobreza energética.

Demanda cubierta

Esta cantidad servirá para reforzar la entrega que ahora se está realizando procedente de la UE y que asciende a un millón de kilos de ayuda. Según Peral, con la Gran Recogida «el aprovisionamiento está asegurado de cara a Navidad y a la cuesta de enero». Además, todavía queda una tercera fase de reparto que serán otros 900.000 kilos.

Se trata de cantidades de alimentos que aunque llegan con retraso dan respuesta con creces a la demanda asistencial. De los 49.000 usuarios que atendía hace unos años el Banco de Alimentos en la provincia (una cifra similar de usuarios tiene asignada Cruz Roja) se ha bajado a 36.000. Esta reducción se debe en parte a una «ligera recuperación económica» pero también a un mayor control en el reparto que obliga a presentar un informe del trabajador social que verifique que existe una necesidad social. Con este endurecimiento de los requisitos para ser beneficiario se han centralizado los datos y se han «limpiado las listas de duplicidades y triplicidades» (personas que acudían a recoger comida a diferentes ONG).

Actualmente, un 50% de la ayuda alimentaria que reparten procede de la UE, un 25% del Ministerio de Agricultura y un 25% de donaciones privadas y colectivas. Unos porcentajes que han variado porque al comienzo de la crisis aportaba más la sociedad (60%). El motivo, según Peral, es que las administraciones «tardan en asimilar el problema y en reaccionar, pero también en cortar» el suministro cuando baja la necesidad porque actúan por «inercia». De hecho, las primeras ayudas de la UE del periodo 2014-20 tardaron casi dos años en llegar y el Gobierno tuvo que dar un anticipo.