La Verdad

Un padre, con su hijo recién adoptado.
Un padre, con su hijo recién adoptado. / afp/r. a.

La segunda fase de la adopción: romper con el apego inseguro

  • Un estudio de la UA revela que uno de cada cuatro menores de Rusia y Europa de Este tienen dificultades para socializar en su nuevo entorno

Un 18 % de los niños adoptados presenta un peor ajuste psicosocial cuando llegan a la adolescencia, derivado de las circunstancias que motivaron su adopción y arrastra vínculos afectivos inseguros que influyen en su comportamiento, según coinciden los estudios realizados en este ámbito en España.

La Universidad de Alicante (UA) desarrolla una novedosa investigación basada en la teoría del apego, que aborda los modelos más idóneos en adolescentes adoptados y en familias adoptivas o acogedoras para romper con esos estilos de afecto inseguros. «La teoría del apego explica cómo nos relacionamos afectivamente con los demás y tiene su base en las primeras relaciones que se establecen en la infancia», explica la directora del Grupo de Investigación en Intervención Psicosocial con familias y menores de la UA, Ana Rosser.

De acuerdo con los trabajos sobre la adopción internacional de niños originarios de Rusia y Europa del Este, el 40% de ellos presenta indicios de un «apego inseguro» cuando son recibidos por sus familias adoptivas españolas, concreta la también doctora en Psicología y profesora del departamento de Comunicación y Psicología de la UA. Sin embargo, según la teoría del apego, «el hecho de que tú hayas tenido unas condiciones inadecuadas en tu primera infancia no tiene por qué marcarte de por vida», precisa Rosser.

Incluso, los estilos de apego inseguros, que son bastante estables, se pueden modificar si aparece una nueva figura de apego: cuidador, madre o familia que rompa ese esquema mental anterior que el niño se había forjado en su primera infancia.

Ayuda psicológica

En algunas ocasiones se precisa de ayuda psicológica, cuando en los niños o adolescentes adoptados persisten en modelos de apego inseguros más resistentes al cambio. Según Rosser, «las familias albergan unas expectativas muy poco realistas al idealizar al niño que van a recibir y pensar que con sus atenciones y cariño podrán resolver todas las dificultades, y eso no tiene por qué ser así».

Y llega un momento de su vida en que enfrentan a su pasado: algunos no quieren saberlo por temor a lo que descubrirán y, en cambio, otros «mueven Roma con Santiago» para conocerlo. «Hay que decir la verdad desde el primer momento, es decir, no ocultar al niño que ha sido adoptado y aportarle la información de esa realidad de manera gradual y adecuándola a su entendimiento a medida que va creciendo», remarca Rosser.

Si llega a «la adolescencia con esa información clara, podrá afrontar mucho mejor la construcción de su identidad», asegura.