Con el color púrpura de los ropajes cardenalicios como tono dominante, banderas de más de una decena de nacionalidades ondeando en la plaza de San Pedro, música, vítores y lágrimas cada vez que la megafonía y las pantallas gigantes se centraban en uno de los 23 elegidos, Agustín García-Gasco entró ayer en la historia de la Iglesia Católica y en la de la Comunitat Valenciana.
Ante el riesgo de lluvia, el acto se produjo en el interior de la Basílica de San Pedro y no en la plaza, como estaba previsto. Eran las 11.40 horas cuando el hasta ahora arzobispo de la ciudad se arrodilló ante Benedicto XVI en el altar y recibió en la cabeza, de manos del Santo Pontífice, los símbolos que le distinguen como nuevo purpurado: el solideo y el birrete cardenalicios.
El Papa cogió las manos del nuevo cardenal y, muy sonriente, le dirigió unas palabras. Benedicto XVI asignó ayer a García-Gasco la titularidad de la iglesia de san Marcello al Corso en Roma. El templo, ubicado en el centro de la Ciudad Eterna -junto a la plaza de España-, alberga en su interior los restos del Papa Marcello, que murió mártir.
Junto a Agustín García-Gasco fueron nombrados cardenales otros 22 eclesiásticos, entre ellos dos españoles más: el arzobispo de Barcelona, Lluis Martínez Sistach; y el jesuita Urbano Navarrete.
Unos 9.000 fieles asistieron a la ceremonia en el interior de la Basílica de San Pedro. En la plaza, otros 7.000 peregrinos no perdían detalle del acto a través de las pantallas gigantes. "La plaza parece más grande en la tele", según coincidieron en señalar varios de los presentes.
"Muy emocionadas"
Dos vecinas de Valencia, María Paz Padilla y Pura de la Torre, se confesaban "muy emocionadas". Las dos peregrinas destacaron el carácter "impresionante de la ceremonia, así como lo precioso que es el latín".
Como el resto de los 23 nuevos cardenales, García-Gasco pronunció un juramento ante Benedicto XVI. "Prometo y juro permanecer, desde ahora y por siempre mientras viva, fiel a Cristo y a su Evangelio...", fueron las primeras palabras de la fórmula entonada por el arzobispo de Valencia y el resto de 22 religiosos nombrados.
El Papa resaltó cómo el nombramiento de estos cardenales mostraba la "diversidad y variedad de la Iglesia". Benedicto XVI resaltó al iraquí Emmanuel III Delly, con cuya creación como cardenal quiso destacar su "cercanía espiritual y afecto" hacia el pueblo de Irak, así como su deseo de "reconciliación y paz".
Benedicto XVI se dirigió a los 23 nuevos cardenales para decirles que la Iglesia espera de ellos "la humilde donación de sí mismos" y subrayó la "gran responsabilidad que pesa ahora sobre cada uno de vosotros".
En nombre de todos los nuevos purpurados, el prefecto Leonardo Sandri aseguró que todos ellos "permanecerán con el Papa". También él tuvo un especial mensaje de apoyo para Emmanuel III Delly, por su "servicio patriarcal entre lágrimas y sangre".
Entre los miles de peregrinos que asistían emocionados al acto, no sólo había muchos valencianos. También más de un centenar de toledanos, concretamente de Corral de Almaguer, pueblo natal del arzobispo de Valencia. "Nunca ha dejado de visitarnos y nos hacía muchísima ilusión que fuera cardenal", reconoció su alcaldesa, Juliana Fernández.
Inmaculada Borja y Juan Manuel Andrés, una pareja que llegó desde Cullera, coincidieron en señalar '"la emotividad del acto" y la importancia de que Valencia "cuente de nuevo con un cardenal después de tantísimos años". Su deseo era poder estrechar la mano de García-Gasco: más tarde pudieron cumplir su sueño.
El Papa nombró titulares de iglesias de Roma, como es tradición, a los nuevos cardenales. Únicamente no lo hizo con el iraquí Emmanuel III, por ser ya jefe de la Iglesia Caldea.
El cielo respetó el acto
Al también español Lluis Martínez Sistach le otorgó la iglesia de San Sebastián en las Catacumbas, y la diaconía de San Ponziano fue para el otro purpurado de España, el jesuita Urbano Navarrete.
En el exterior de la Basílica, en la majestuosa plaza de San Pedro, los peregrinos tenían la vista puesta en las pantallas gigantes, al mismo tiempo que en el cielo. La amenaza de lluvia fue constante toda la mañana. "Al final nos ha respetado", aseguró Rufino, uno de estos peregrinos. El cielo únicamente empezó a tronar y a descargar una tromba de agua de casi un cuarto de hora tras el fin de la ceremonia.
El nombramiento de los 23 cardenales permitió también un importante acercamiento entre el Ejecutivo español y el Vaticano, cuyas relaciones han pasado por algunos altibajos en los últimos tiempos.
Tras la ceremonia, la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, se reunió por espacio de unos 40 minutos con el "número dos" de la Santa Sede, el secretario de Estado, Tarcisio Bertone.
Fuentes gubernamentales constataron el "buen momento sin contenciosos" entre la Iglesia y el Gobierno español.
Es el primer encuentro que mantiene De la Vega con Bertone, secretario de Estado desde hace un año, y confirma el deshielo que se inició en el encuentro de la vicepresidenta con su predecesor, Angelo Sodano, durante el anterior nombramiento de cardenales en 2006.