No es extraño que hablando de basuras huela a podrido, sobre todo en Villena, Xixona, Alicante y El Campello, los municipios que están recibiendo, además de los desperdicios que generan sus términos municipales y los restantes de su demarcación, los que proceden de Valencia y Castellón, carentes ambas provincias de infraestructuras para acoger lo que, en una buena administración, no debería ser objeto de enfrentamiento y malestar en los ayuntamientos alicantinos.
Llama la atención que el vicepresidente del Consell Vicente Rambla haya pedido «un plus de responsabilidad» a los alcaldes de los ayuntamientos de Alicante para que admitan las basuras de Valencia y Castellón hasta tanto no se hayan ultimado las instalaciones en marcha para resolver el problema en toda la Comunitat. Lo primero que se le ocurre a cualquiera, ante la postura del vicepresidente, es acusar al Consell de falta de responsabilidad por no haberse adelantado a los acontecimientos. ¿Cómo se proyectan ahora infraestructuras que tendrían que haberse ejecutado hace años?
Mientras Rambla y el presidente de la Diputación, José Joaquín Ripoll, piden solidaridad con Valencia y Castellón, Villena y Xixona se quejan de que sus plantas están saturadas. El regidor de Xixona, Ferrán Verdú se lamenta de que la suya no es una planta de transformación de residuos, sino un vertedero. El municipio se queja de que no se hicieron las inversiones prometidas por el Consell.
Pedir responsabilidad y solidaridad no cuesta un duro. Ni siquiera se sabe si es políticamente correcto, sobre todo cuando sólo se predica, pero no se da trigo. Incluso resulta sospechoso que Ripoll tenga el mismo discurso sobre las basuras que Rambla y Camps. Como increíble se antoja que los dirigentes regionales hayan echado del partido a los cinco concejales de Villena, de tendencia campsista, que se rebelaron contra la alcaldesa Celia Lledó, siendo ésta ripollista.
¿Es posible que haya una reconciliación pública entre Ripoll y Camps? ¿Y en privado? ¿Pasará como con Gallardón y Esperanza Aguirre? Ésta dice que es muy mal hablada en privado, pero que cuando dijo «hijoputa» no se refería a Gallardón. No se sabe qué es peor, si el lenguaje políticamente correcto de los dirigentes o el coloquial.
Digan lo que digan Rambla y Ripoll, lo de las basuras huele muy mal. Y no tiene fácil solución.