Un gallinero ubicado en una casa de campo del término municipal de Elche encerraba la clave de un macabro crimen del que ni siquiera se tenía constancia hasta la fecha. En una fosa excavada en este recinto para las aves, a medio metro de profundidad, el Cuerpo Nacional de Policía encontró el pasado martes, a las 20 horas, el cadáver momificado de un hombre cuya desaparición se remontaba al pasado mes de junio.
Ya en septiembre, la hija interpuso una denuncia formal, lo que dio pie al inicio de unas investigaciones que, cuatro meses más tarde, concluyeron en una finca de la partida ilicitana de Asprillas. La operación policial se acaba de cerrar con la detención de la actual esposa del difunto y de una pareja que ejercía labores de mantenimiento en la propiedad del fallecido y que supuestamente actuó como cómplice para ocultar el cuerpo sin vida, según ha trascendido.
La presunta autora material del crimen es una mujer española de 34 años de edad, 32 más joven que su compañero sentimental, mientras que los otros apresados son un varón, también de nacionalidad española, de 33 años y una mujer francesa de 39. Las pesquisas de las comisarías Provincial de Alicante y de Elche, junto con especialistas de Madrid, permitieron comprobar que en el domicilio donde residía el matrimonio, en Santa Pola, había restos de sangre. Las muestras biológicas reunidas por la Policía Científica confirmaron que el ADN pertenecía al ciudadano desaparecido, lo que hizo que el caso diese un vuelco espectacular.
El móvil del homicidio, así como la posible arma usada para cometerlo aún no están claros. La Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) de Alicante y la Policía Judicial de Elche siguen trabajando en equipo, con sus respectivos grupos de Homicidios, para determinar las causas, sin descartar motivos económicos o de cualquier otra naturaleza. Los responsables de la investigación confían en que la autopsia contribuya a averiguar cómo falleció este ilicitano. En cualquier caso, para la Policía Nacional no hay duda de que se trató de una muerte violenta, máxime con las molestias que alguien se tomó para que el cadáver nunca fuese descubierto.
La víctima llamaba por teléfono cada día a su hija, que reside en Castellón. Sin embargo, y sin mediar problema alguno, de repente dejó de hacerlo. Su padre y la mujer de éste vivían con los hijos de ambos en Santa Pola, según relató la denunciante al Cuerpo Nacional de Policía. Los tres detenidos declararán hoy mismo en los juzgados de Elche.