Siempre se nos ha inculcado la idea de que la voluntad se encuentra en la base de todo logro. Si realmente deseamos algo, es razón suficiente para conseguirlo; es más: si no lo alcanzamos es porque realmente no lo deseábamos con todas nuestras fuerzas. Y eso nos hace sentir mal. Quizá más de uno desea con todas sus fuerzas ser el mejor pianista del mundo pero no basta sólo eso para poder conseguirlo y al no hacerlo, cree erróneamente que su deseo y voluntad no son lo suficientemente fuertes. Si bien es cierto que todo empieza por querer algo, no es menos cierto que hacen falta ciertas variables para llegar a la meta final. Si quiere ser usted un gran pianista será necesario cierto talento y cierta práctica para perfeccionarlo.
Dicen que todos tenemos un talento para algo, el problema es que muchos jamás lo descubren. Para poder potenciar nuestro talento primero se hace necesario saber qué es lo que queremos hacer en nuestra vida y luego probar hasta dar con lo que mejor nos sale. Ahí, más que la voluntad, lo que se hace estrictamente necesario es la confianza en uno mismo: creer que servimos para algo y que hay algo que está hecho a nuestra justa medida. No sirven, en este sentido, las comparaciones con los demás ni la inseguridad personal (que a veces vienen a ser lo mismo). Muchas personas deciden en función de lo que ven en los demás, sin preguntarse si es eso lo que realmente desean hacer. A partir de entonces construyen sobre suelo poco firme porque, con el tiempo, al no conectar directamente con su talento, desarrollan capacidades y habilidades por debajo de su propio potencial, creyendo que no sirven para nada o atribuyendo la falta de voluntad a todos sus fracasos. Si hablamos de falta de voluntad, en vez de error a la hora de decidir lo que queremos hacer, cualquier acción se nos presenta cuanto menos imposible, porque como no tenemos voluntad, difícilmente conseguiremos el éxito en cualquier cosa que nos propongamos.
Una vez conectados con nuestro talento, hace falta ejercitarlo y seguir aprendiendo. Quien lo da todo por aprendido, deja de aprender. Ahí es cuando se pone a prueba nuestra capacidad de esfuerzo. La capacidad de trabajar diariamente en dirección a lo que realmente queremos hacer y de acuerdo con nuestras propias habilidades es la auténtica clave del éxito.
Hay que saber aprovechar los propios recursos para sacar el máximo rendimiento a nuestras acciones. Es mucho más probable que, a través de esta acción, conectemos directamente con nuestros potenciales y con eso aumentamos la posibilidad de descubrir nuestro talento. Para ello hace falta una dosis alta de conocimiento, confianza y compromiso. Conocimiento porque, del mismo modo que si sabemos aprovechar nuestras habilidades nos acercaremos a la consecución de los logros, también lo es que si no asumimos nuestras limitaciones o las desconocemos, seguiremos la peligrosa directriz de 'querer es poder'. Confianza porque, aunque a veces nos cueste creer que es así, todos poseemos un talento que nos capacita para algo en esta vida. Y compromiso porque, sin una actitud activa dirigida al esfuerzo y al trabajo, nuestro talento no recogerá todos sus frutos.
Empiecen a preguntarse qué es lo que realmente quieren y arriésguense a probar si realmente sirven o no. Una vez lo hayan descubierto, ocúpense de seguir desarrollando y perfeccionando lo que ya tienen porque aunque no lo sepan todavía, ustedes son excelentes en algo. Madame de Stäel solía decir que cuando somos capaces de conocernos a nosotros mismos, rara vez nos equivocamos sobre nuestro destino. Descúbranse, que con querer no basta.