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Perdono, pero no olvido

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Perdono, pero no olvido

La frase que encabeza el presente artículo y a la que yo denomino 'frase trampa' es calificada por Obiols de perdón estético pues parece quedarse en la cara bonita de la actitud sin profundizar realmente en lo que es importante: el perdón.

09.12.09 - 00:12 -
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Pues ya la tenemos. Este viene a ser más o menos el pensamiento que me viene a la cabeza cada vez que oigo que alguno de mis pacientes, con la mejor de sus voluntades, pronuncia la frase trampa. Ante todo decir que, en el fondo, tras las palabras hay una actitud de perdón lo que me indica menos esfuerzo para mí, pues la persona desea perdonar, con lo cual mi trabajo terapéutico queda reducido. Aunque esta reducción no facilita la resolución de lo que realmente transmiten las palabras: la incapacidad de poder perdonar plenamente. En muchos casos, quien no olvida o no quiere olvidar vive persistentemente con el recuerdo a cuestas por lo que el perdón suele pronunciarse con la boca chica. El no poder o no saber perdonar, con todas las letras, acarrea consecuencias negativas para nuestro bienestar psicológico.
El problema empieza cuando alguien siente que una persona cercana le ha hecho algo malo o injusto. Una actitud reprochable que no era de esperar de alguien que te quiere. La herida producida suele provocar un sentimiento de traición, que algunos acuñan de profunda herida narcisista, asociado a emociones muy negativas como la ira y el enfado. Como siempre se nos ha dicho que no hay mal que dure cien años, uno cree que el tiempo curará las heridas y espera 'perdonando, pero no olvidando' que el dolor se reduzca. Los días pasan, las semanas también y uno se despierta un buen día, al cabo de ciertos años, viendo que cada uno de sus días no son más que una lucha interna contra el resentimiento, poniendo de manifiesto que hay conflictos que no han sido resueltos: no ha sabido perdonar.
Ya les he dicho en más de una ocasión que el tiempo, lejos de ser curativo, suele empeorar las cosas si uno no hace frente a las dificultades y a los conflictos e intenta solucionarlos cuanto antes. Como dice la doctora en Ciencias de la Educación, coach y experta en inteligencia emocional Meritxell Obiols: «Lo que hace falta no es dejar pasar el tiempo, sino aplicar la inteligencia emocional, que nos ayudará a aprender a distinguir entre la agresión y el agresor para descubrir el camino del perdón». La experta nos comenta que la mejor manera de liberarse del rencor producido por algo que consideramos una ofensa, es el perdón. De hecho, la frase que encabeza el presente artículo y a la que yo denomino 'frase trampa' es calificada por Obiols de perdón estético pues parece quedarse en la cara bonita de la actitud sin profundizar realmente en lo que es importante: el perdón sentido, sincero y auténtico.
Visto así y atendiendo a todos los beneficios que nos aportaría la capacidad de poder perdonar parece mentira que no lo hagamos pero es que resulta que nos cuesta enormemente perdonar. Nos cuesta porque la palabra tiene cierto peso cultural asociado al acto generoso de poder perdonar a quien ha obrado mal, y a menudo la herida es tan abierta y tan sangrante que nuestro orgullo nos lo impide. Uno se centra en pensamientos del tipo 'no se lo merece' o 'encima que me la ha jugado le tengo que perdonar', que distan mucho de la comprensión. Curiosamente, el origen etimológico de la palabra nos indica que el término perdón, en su raíz griega, significa «cambiar y alterar». Menuda lección lingüística. Curiosamente resulta que si perdonamos, como dice Obiols, «la persona que nos ofendió se sentirá más o menos aliviada, pero nosotros nos liberaremos de una nociva carga emocional que muchas veces nos impide avanzar en nuestras relaciones.
Perdonar supone abandonar el resentimiento y los deseos de venganza. Es, sin duda, el mejor regalo que podemos hacernos». Menudo chollo para el ego, resulta que no perdonamos por no querer 'rebajarnos' pero si lo hacemos al fin y al cabo salimos ganando. Créanlo, todo son ventajas. Porque si se paran a pensar: ¿qué consiguen sintiéndose resentidos? Aprovechen que la Navidad está cerca y eso siempre ablanda los corazones y entrénense el perdón para hacerlo su actitud vital ante los errores cometidos por aquellos que quieren; porque como decía Henry Ward Beecher, «Puedo perdonar, pero no olvidar»', es sólo otro forma de decir, «No puedo perdonar»
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