La trayectoria del Meridiano, con sus altibajos, es paradigmática. Ustedes ya saben que ningún camino es recto, que siempre hay trampas, por eso conviene ponerse a resguardo para minimizar los inconvenientes de vivir en la cuerda floja casi con lo puesto.
El Lucentum, con el plantel al completo, recibe al Gran Canaria 2014, la franquicia que, 'sin querer' le envió a la selva de la LEB dos años seguidos. Se han enfrentado una docena de veces y sólo en dos ocasiones salió victorioso el equipo alicantino. Fueron con Poch en el banco y, paradoja insólita, ambas en el Centro Insular de Las Palmas. En el CT siempre se han impuesto los canarios, así que toca romper una estadística maldita en la cita que hace la 13, por aquello de añadirle la dosis de misterio oportuna a la cita.
Lucentum y Gran Canaria comparten una analogía malsana para desgracia de sus técnicos: a los dos equipos se les da mal competir lejos de casa. Quintana espera que la energía positiva que genera la grada sirva para azuzar a sus chicos y así se vacíen en defensa. La clave es esa, sin trabajo de contención no hay victoria.
El bloque insular ha perdido este año a dos de sus referencias más sólidas: Carl English y Joel Freeland. Pedro Martínez los ha sustituido por Jaycee Carroll y Will Mac Donald. Acostumbrada a reinventarse como equipo, la franquicia canaria se aferra a los puntos del escolta norteamericano (casi 20 por encuentro), la dirección de Marcus Norris (desechado por Quintana este verano, cuando aún soñaba con mantener a Berni Hernández) y la fortaleza omnipresente de un pívot con mayúsculas: Sitapha Savané.
En los días buenos, que los tiene, exhibe un equilibrio muy notable entre la defensa y el ataque, aunque su rendimiento se resienta cuando empiezan a comparecer en pista las rotaciones. El banquillo insular no es profundo porque el dinero tampoco les sobra. La dupla Savané-Mc Donald es una de las más fiables en el rebote, así que cualquier concesión a este respecto puede significar la muerte... en sentido deportivo. El Gran Canaria tiene una virtud marca de la casa: roba infinidad de bolas. Probablemente, si luego no perdiera tantas, estaría mucho más arriba en la clasificación.