Hotel de Sharm El Sehij, Egipto, 14.36 horas local. Habitación 281. Hola Sandra, ¿Cómo estás?. Te llamo desde Dénia. Con un cigarro en la mano para aplacar los nervios y la ansiedad, la voz entrecortada y emocionada, contesta: «Estoy hecha polvo por lo ocurrido. El barco no estaba en condiciones, el capitán no era el que habitualmente suele estar al frente, era un suplente. Nosotros no sabíamos nada. Es más, unos compañeros vieron como algunos miembros de la tripulación antes de zarpar del puerto cogieron una bomba para achicar agua».
Juan Serrano, compañero de viaje, ofrece la misma versión de los hechos desde la recepción del hotel. «¿Para qué tienen esto aquí?», pensó cuando le informaron de que se había embarcado este aparato. Todos coinciden en que si hubieran sabido que el barco estaba mal «no salimos».
El hundimiento del Coral Princess fue «visto y no visto». Gorka Rotaeche, otro de los buceadores, es más explícito respecto al suceso. «¿Titanic? Pues lo mismo». La actuación de la tripulación fue lamentable. No estuvieron a la altura de una emergencia de este tipo.
El capitán, el máximo responsable de la nave, pasó desapercibido. Es más, mientras el barco se hundía «estaban todos juntos cogidos a la barandilla y no dejaban de gritar», según los buceadores. Los que debían ayudar fueron finalmente auxiliados. «Un capitán tiene que saber cuándo dar su barco por perdido», remata Serrano.
Los problemas comenzaron desde el primer día de vacaciones. El barco navegaba escorado. «Es que llevo un tanque de agua lleno y otro vacío», se excusó el capitán ante los pasajeros.
Nunca imaginaron qué sucedería en la madrugada del jueves. Los 14 buceadores, más la tripulación zarparon del puerto sobre las 4.30. De hecho, la escala se había hecho para reparar un generador y conseguir «nitrox», oxígeno que se necesita para las inmersiones de los submarinistas.
Pasadas las cinco, la embarcación se perdió bajo las aguas del mar Rojo. «Fue muy rápido todo. Yo estaba en el camarote. De repente, me llamaron en un tono que ya me alertaba de que algo malo estaba pasando. Salí, vi a todo el mundo gritando y a la tripulación que permanecía agarrada a los laterales de la embarcación. No actuó en ningún momento, todos se quedaron bloqueados».
Algo similar le ocurrió a Juan. Se despertó y comprobó que su baño estaba inundado. «'¿Qué está pasando aquí?'», se dijo. Llamó a un tripulante y no pudo hacer nada. Solicitó la ayuda de otro y más de lo mismo. «Todas las habitaciones estaban igual. Los ojos de buey no eran herméticos», concluye.
Entre calada y calada del cigarrillo, Sandra insiste en que nadie les alertó de lo que estaba ocurriendo. Fueron los turistas quienes tomaron la iniciativa. En especial, Antonio García y Jorge Sánchez, los más experimentados. Dicen que fue Jorge el que dio la voz de alarma a todos los pasajeros. Su participación salvó muchas vidas.
En ese momento, «los platos, sillas, mesas ya se iban hacia un lado», según Serrano. Todos subieron a la parte superior de la embarcación y allí comprendieron «que la cosa no marchaba bien». No todos alcanzaron la planta superior.
En ese mismo momento o instantes después, Luis Miró, otro de los buceadores quizá fue el último que vio a Israel Pérez, el valenciano desaparecido. Él logró salir. Lo más probable es que el joven valenciano no quisiera abandonar el barco sin su mujer Lourdes, que permanecía en el camarote. Regresó a por ella. Y ya no pudieron escapar del Coral Princess.
El capitán «ni dio el aviso de emergencia por radio», añade Sandra. «Y seguía navegando a toda máquina», concreta Serrano. Hasta que la embarcación se detuvo. «Nos tiramos al agua pese a que éramos conscientes que podíamos morir».
Una vez en el mar, la joven trató de salvarse subiendo a una de las dos zodiacs. Pero una estaba atada. Si seguía a bordo iba a ser arrastrada hasta el fondo. Un golpe de suerte les salvó la vida. «El cabo de una de las dos embarcaciones que utilizamos para fondear, se soltó y el mar escupió la zodiac a la superficie. Me dio un fuerte golpe en la cabeza, me hundió bajo las aguas, y pensé: 'De aquí no salgo, me muero'». Pero logró salvar la vida.
En este bote salvavidas permanecieron todos, menos los dos valencianos desaparecidos, unas dos horas hasta que llegó el barco de rescate. «Los que iban a bordo de esta embarcación se quedaron a 10 metros de nosotros. Nos cabreamos con ellos porque una de las buceadoras tenía síntomas de hipotermia, y al final, accedieron a ayudarnos».
Búsqueda sin éxito
Entonces se inició la búsqueda de los dos desaparecidos, el matrimonio valenciano. El dispositivos se mantuvo durante todo el día de ayer sin éxito. Según fuentes policiales, en las operaciones participa el barco Timsah, de la Marina egipcia. Se desconocen más detalles del operativo e incluso cuántos días se mantendrá si no aparecen los cuerpos. Las mismas fuentes, según Efe, no aclaran a qué profundidad puede estar la embarcación.
El grupo se encuentra sumido en la tristeza y muy preocupados tras perder a dos de sus integrantes. No hay esperanzas de que aparezcan con vida. Está previsto que en las próximas horas lleguen a El Cairo y cojan un avión a Madrid.