o hacía falta hacer un máster financiero en Georgetown para saber que con un déficit de más de cinco millones euros y una deuda con Hacienda de 1,5 se iba a nublar el futuro en algún momento. A eso también se le pueden sumar las multas por impago tributario que antaño se fueron acumulando, las reclamaciones de acreedores pretéritos -que no se acaban nunca- las facturas por los daños ocasionados por un coche propiedad del club que misteriosamente dejó de utilizarse hace seis años y, por añadidura, que las empresas exijan el pago de sus servicios por adelantado porque dejaron de fiarse de la entidad hace mucho.
Pero no se acaba ahí. La ampliación de capital a la que obligó todo aquello para dejar de estar en causa de disolución no se cubrió en un porcentaje notable. A algunos que llevaban la entidad por bandera y el baloncesto en el corazón se les olvidó seguir pagando los plazos de su paquete accionarial y no precisamente por estar en el paro.
El año pasado tampoco se cubrió el presupuesto por idéntico motivo al anterior: una parte del mismo debía destinarse a saldar el aplazamiento de la deuda pactado con Hacienda tras el cambio de presidente en el consejo de administración. De 1,5 millones a 554.000 euros. Algo se ha avanzado, pero nunca es suficiente.
Se decidió borrón y cuenta nueva, pero es que la cuenta siempre es la misma y, además, quema. El Ayuntamiento de Alicante, a pesar de ser el máximo accionista, no puede destinar una partida no presupuestada para saldar la deuda con la Agencia Tributaria porque no sería legal y, por descontado, porque supondría un precedente ruinoso para el Erario.
Sí puede ayudar a que ciertas puertas se abran, pero la coyuntura no está para generar plusvalías de la nada. El que tiene, guarda; y el que no tiene, no da. Tampoco el Estado, que necesita recuperar liquidez y por eso reclama con más ahínco ahora lo que considera que le toca, aunque no siempre sea justo. Primero embarga y después te atiende si le reclamas.
El Lucentum, a diferencia de lo que sucedió no hace tanto, asume con serenidad su triste realidad para no convertirse en la bomba política que muchos están deseando activar. De momento guarda silencio y sigue trabajando para buscarle viabilidad al proyecto con indiferencia de si es o no la mejor estrategia.
Se requiere cirugía contable de máxima precisión para acabar con los efectos devastadores de un virus, extrañamente silenciado, que ha provocado una obstrucción arterial que amenaza con poner fin a la vida de la criatura.
Dinero en caja
El Lucentum sólo puede disponer, hasta que no resuleva su desencuentro con el Fisco, del dinero en caja. El que hay da para pagar a duras a penas el desplazamiento a Valencia de este domingo. Después quedarán 12 salidas, los sueldos de todo el mundo que está en nómina -desde Austin hasta el personal de oficina y mantenimiento-, la luz, el agua, el teléfono, la calefacción y, como no, los reclamos de acreedores históricos como la Seguridad Social y Hacienda.
La CAM podría conceder otro préstemo, uno más, pero la cuenta de intereses a devolver se incrementaría aún más y sería pan para hoy y muerte por inanición dentro de cuatro semanas. Las soluciones de urgencia ya se han probado todas. Han valido para parchear y, en un ejercicio malabar de gestión de recursos ínfimos, devolver a la élite a la entidad. Toca asumir con entereza la realidad y buscar una solución que de veras valga para hacer borrón y cuenta nueva.