Pegarse un atracón deja de ser divertido cuando no previenes la resaca. El Meridiano batió todos sus registros ofensivos frente al Murcia y realizó un partido casi perfecto a nivel estadístico, pero más allá de alimentar la autoestima colectiva, la efeméride no suma victorias por sí sola. Hay que poner en práctica una y otra vez, en cada jornada, todo lo hecho aquella dulce mañana del 15-N para que realmente valga.
El Lucentum viajó ayer en vuelo chárter a Bilbao para dormir plácidamente en una ciudad amable con la historia de la entidad. Tres veces ha jugado allí la franquicia alicantina y tres triunfos que se llevó de vuelta a casa. Allí se logró el 9-0 de Poch y allí explotó Quincy Lewis como jugador a las órdenes de Trifón.
Pero como reza el tópico inconformista, «cada partido es una historia» por muchas veces que ésta se repita. Saber controlar la euforia es clave para evitar caer en la tentación de quitarse el mono de faena y enfundarse el flamante frac que reluce en la percha.
El Bizkaia Bilbao Basket, antes Iurbentia y mucho antes Lagun Aro (por cierto, así es imposible potenciar la ACB) está inmerso en una crisis descarnada. Cinco derrotas consecutivas y sólo una victoria, la que logró el primer día. Txus Vidorreta tiene medio apartado del equipo a Jerome Moiso, por bajo rendimiento, y el único que está dando la talla el año que había equipo «para aspirar a todo» es Álex Mumbrú, un seguro de vida. La baja de Warren ha devuelto a su compatriota Robert Conley a la Liga cinco temporadas después de abandonar Vitoria.
El Lucentum siempre ganó en Kasillako, pero ahora toca estrenarse en el BEC. Para ello habrá que aprovechar la urgencia que atenaza al rival para sacar partido de sus nervios. El Bilbao Basket está agarrotado, con miedo. Vidorreta no es capaz de tocar la tecla correcta a pesar de haber dado continuidad al bloque del año pasado. Ni Blums, ni Seibutis ni Salva Guardia están al mismo nivel, Moiso parece más pendiente de los retrasos en los pagos que de jugar y los dos javieres, Rodríguez y Salgado, no mueven con la misma frescura al equipo y son los que más bolas desperdician.
Al Bizkaia le falla el rebote y tiene un problema evidente con la digestión del 1-5 que le lastra. Marko Banic ha pasado a un segundo plano con la llegada de Mumbrú y sólo el campeón del Mundo supera los 10 puntos de valoración. Necesitan una victoria con urgencia. Dejarse llevar en el BEC puede resultar fatal si los bilbaínos logran hacer virtud de su necesidad.