Suele ocurrir. Cuando se juntan en una misma mesa el hambre con las ganas de comer y sobre el mantel colocan seis fuentes de huevos rotos con papas y jamón pasa que acabas con un empacho de traca. Eso le sucedió ayer al Meridiano, que se dio un homenaje en toda regla a costa de un Murcia en pleno proceso de desahucio colectivo.
Al Lucentum le costará olvidar el 15-N. Logró superar todos los registros ofensivos como residente en la ACB. Batió el récord de anotación, con 113 puntos (el anterior estaba en 109), el de máxima diferencia, con 44 tantos de ventaja (35 era el tope hasta ahora) y, para redondear la actuación, el de valoración como equipo, que lo elevó hasta unos elitistas 139 puntos. Brutal.
Ayudó al delirio lucentino la miserable ambición que demostró el equipo de Moncho Fernández, que ayer recibió una paliza sin inmutarse, sin mostrar dolor ni vergüenza, tres síntomas nocivos que suelen concluir con la cabeza del entrenador de turno sesgada de cuajo.
Al Meridiano, por ponerle alguna pega, le costó ajustar su defensa en el primer cuarto. Regresó Mario Austin, así que parecía normal el desequilibrio. Sin embargo, el pívot norteamericano suplió su falta de eficacia en la contención con una actuación brillante en el tablero contrario. 11 puntos y tres asistencias justificaron su presencia en pista en un día en el que sofocar las acometidas del rival no exigía máxima concentración.
Vujanic y Moss se repartían el oxígeno mientras el resto de sus compañeros se ahogaba irremisiblemente en su propia inoperancia. Moncho buscaba soluciones, pero no valía ninguna por más voces que diera y más botellas que estrellara contra el parqué el técnico gallego. A 15 metros de él, Quintana movía sus piezas con diligencia aprovechando el viento a favor para hacer acopio de confianza entre los suyos. 29 puntos en el primer acto, 24 en el segundo y sólo 33 en contra en todo ese tiempo. Conclusión: partido resuelto.
Pero quedaba lo peor, lo más difícil, ya saben, mantener la concentración y el nivel de intensidad durante 20 minutos contra un adversario indolente, sin ganas de pelear y desbordado en cualquier frente. Para alegría de todos, hasta del marisco que se comieron los vips del palco, el Meridiano se dejó de zarandajas y quiso más.
Insaciables
Casi 40 puntos en el tercer capítulo (37-18), así que el último acto se convirtió en el epílogo lustroso de una historia que, a pesar de que valga lo mismo que cualquier otra victoria en lo numérico, sirve para remover el gusto por el baloncesto en una grada, ávida de alegrías, que todavía conserva muchos huecos que conviene rellenar por el bien del proyecto.
Anotaron todos, ocho jugadores con diez o más puntos, 14 triples (con un 54% de acierto), 28 asistencias (otro récord absoluto) y, lo mejor de todo, por primera vez en lo que va de curso no hubo déficit entre las recuperaciones y las pérdidas: 11 a 10.
Hace un mes, el Lucentum hincó la rodilla en Granada ofreciendo una imagen pésima. 32 días después, ese mismo equipo se aferra a la dureza que le debe definir para crecer en una competición que no hace prisioneros y tiene muy poca memoria. La ovación que tributó el pabellón a Mario Austin, que probablemente se adornó más de la cuenta ante un rival rendido, explica que todo se puede enmendar a pesar de los kilos que aún le sobran.
El efectismo de sus fundamentos ofensivos debe tener contrapunto en defensa, es verdad... pero no vayamos a cegarnos con esa menudencia que lo que toca hoy es disfrutar, que se lo han merecido.