Visita a Madrid, donde la tradición es perder. Los antecedentes son turbadores: seis visitas a la casa blanca, tres al Raimundo Saporta y tres a Vistalegre, y en todas tocó viaje de vuelta rumiando la derrota, normalmente de paliza. Sólo una vez se tuvo opciones reales de victoria. Curiosamente cuando peor pintaban las cosas. Con José Luis Oliete en el banquillo y sus siete magníficos sobre la pista, el Lucentum firmó un honroso 98-93.
El preparador aragonés dejó Los Barrios y entró en la ACB de la mano de Paco Pastor, que aquella noche del 17 de abril del 2001 tenía previsto castigar a Terquin Mott, Dusan Jelic y Francis Sánchez por su baja forma y su escasa implicación, y terminó echando al técnico que le había dado el ascenso: Andreu Casadevall. Ironías del presidente.
Oliete instauró un planteamiento táctico impensable en la actualidad. Jugaba los partidos con siete. Aquella filosofía se quitó de en medio a Guillermo Rejón, principal damnificado. Por delante, seis partidos para lograr la permanencia. El Lucentum le plantó cara al Madrid de Djorjevic, Raúl López, Herreros, Struelens y los hermanos Angulo. Lo hizo con Calderón, Reggie Fox, Brian Clifford y los dos proscritos, Jelic y Mott, en el quinteto titular y Navalón y Jorge García como únicas rotaciones. Encima, el pívot cordobés forzó la prórroga sobre la bocina. La victoria valía la permanencia, tal vez por eso los que durante buena parte de la liga parecieron muertos se esforzaron por gritar aquello de «esta boca es mía». Fue un espejismo y el milagro no se obró.
El resto de visitas al centro neurálgico de la nación (con perdón) se saldó con palizas más o menos dolorosas. Una de ellas, y no frente al Real Madrid, sino ante el Estudiantes, le costó el puesto a Luis Casimiro, que tras el 89-63 tuvo que soportar, en un episodio insólito, como la propia Demencia le cantaba aquello del «vete ya». Su sustituto temporal en el cargo, Alfredo García, tiene el prescindible honor de ser el técnico lucentino al que más puntos en contra le han caído en Madrid: 33 (90-57).
Julio Lamas se llevó 22 y Trifón Poch 20 la mañana que su proyecto aspiraba al liderato de la competición y a sellar un 10-0 superlativo de inicio. Al equipo le pudo la presión y el partido se acabó en el primer cuarto. En sus dos visitas posteriores a Vistalegre perdió por 12 y 19 puntos. Eso sí, el ahora técnico del Granada puede presumir de ser el único entrenador lucentino que ha ganado en ese coso: 68-85, al Estudiantes en la temporada que desembocó en el playoff contra el Unicaja.
Territorio hostil
La capital del reino parece zona vedada para el Lucentum, y no lo dice este periódico, sino la historia: 12 encuentros jugados, 11 derrotas (impúdicas la mayoría) y una victoria, la que confirma la regla. Los antecedentes no invitan a sacar los ahorros y empeñarlos en la casa de apuestas hipotecándolo todo al triunfo del Meridiano. Sin embargo, la experiencia obliga a recordar el margen exiguo que le gusta reservar al destino para reírse en la cara de la gente, por eso no hay que renunciar a nada, y mucho menos a trabajar.
El dinero compra talento natural, pero no la predisposición, y en eso debe haber igualdad máxima. La única vez que el Lucentum pudo ganarle al Real Madrid en su casa la entidad se jugaba la vida, que como motivante es tremendo. Ahora la cosa no es para tanto, ni mucho menos, pero hay que impedir caer en el desánimo y apelar a la moral heroica de Oliete, que con siete casi la lía. Ole sus... pizarrones.