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La peor madre de América

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Lenore Skenazy es periodista, tiene 49 años y vive en Nueva York. Es madre de dos hijos menores (11y 13). Hasta aquí podría ser el inicio de la biografía de cualquier mujer del mundo: profesional, madre y esposa. Lo malo es que le han colgado el sambenito de la peor madre de América por intentar dar un voto de confianza, libertad y generar autonomía en uno de sus hijos cuando éste tenía 9 años: dejar que cogiera solo el metro en Nueva York. Y seguramente más de uno de ustedes se dirá: «Hombre, es que mira que dejar ir solo a un niño en una ciudad como Nueva York». No crean, la que escribe estas líneas no pudo evitar unos segundos de asombro tras leer la noticia, pero tras una reflexión, me negué a seguir pensando con miedo, a dejar que nos sigan haciendo creer que el mundo es un lugar altamente peligroso. Una cosa es la protección y el cuidado de los niños, otra muy distinta es generarles inseguridad.
Desgraciadamente asistimos de vez en cuando a la desaparición, secuestro o violación de algún menor pero ni muchísimo menos (por fortuna) constituye la norma generalizada. Estamos demasiado presionados para pensar que a los niños siempre «les puede pasar algo», y nada bueno; cuando en realidad deberíamos empezar a repetirnos automensajes del tipo «no tiene por qué pasar nada». Creo que las consecuencias de creer que el peligro acecha en cualquier esquina son mucho más peligrosas para los niños que el convencerlos de que el mal, aún existiendo, no monopoliza nuestra sociedad. Se ha acusado a Skenazy de temeraria, negligente y mala madre cuando su mayor anhelo es que su hijo llegue a ser una persona independiente, segura de sí misma. En resumen: le dio una oportunidad para espabilarse. Eso, paradójicamente, aumenta la probabilidad de que si este niño, el día de mañana se ve acechado por uno de los innumerables peligros que merodean por su ciudad, pueda llegar a defenderse. La periodista afirma que hay quien (de los que preconizan sobre las amenazas y riesgos que campan libremente y la acusan de irresponsable) incluso ha llegado a desearle que a su hijo le ocurra algo malo para que pueda aprender la lección de cómo educar a su hijo. ¿No les parece esto altamente peligroso?
Para poder educar niños independientes y autónomos es altamente necesario dejarles que hagan cosas solos. Muchas veces justificamos que todavía no son capaces de hacerlo pero esta explicación obedece más a nuestros miedos y desconfianzas que a la realidad. Está comprobado que una alta autonomía en un niño favorece su buena autoestima y su competencia a la hora de tomar decisiones. Evidentemente, cada niño es distinto, de manera que hay quien podrá hacer ciertas cosas y hay quien no. Todo ello depende del aprendizaje recibido y de la comprobación (primero guiada) por parte de los padres para cerciorarse de que su hijo puede llegar a desempeñar un tipo de actividad sin su presencia. En este sentido, la independencia del niño no está tan relacionada con su edad como con el tipo de educación recibida por parte de sus padres.
No dejar que los niños actúen libremente por temor a que les pueda ocurrir algo malo ya no es una mera cuestión de sobreprotección, más bien constituye la transmisión de un legado cargado de inseguridades y temores. Por otro lado, si el niño es autónomo aprende a ganar seguridad en sí mismo, asume responsabilidades y acepta las normas establecidas. De hecho no estamos haciendo nada más que seguir el desarrollo normal del niño pues éste muestra un interés innato por querer hacer las cosas por sí mismos. Todo ello con unos límites reales, por supuesto. Otra cosa muy distinta es que «la peor de las madres» hubiera dejado ir solo a su hijo en metro con tres o cuatro años.
No tengan miedo a dejarles crecer, a que vuelen solos, a darles la oportunidad de que caminen en solitario como parte del proceso natural de su aprendizaje. Como decía Herbert Spencer, «el objeto de la educación es formar seres aptos para gobernarse a sí mismos, y no para se gobernados por los demás». No dejen que a sus hijos les gobierne el miedo y la inseguridad. Ellos sí que son peligrosos para su desarrollo.
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