Antes de que me den, doy yo. Algo así debe haber concluido el presidente de la Generalitat después de que los tres presidentes provinciales del PP, con Joaquín Ripoll a la cabeza, tratarán de jugársela, al menos mediáticamente, aunque luego, dos de ellos, Fabra y Rus, dieran marcha atrás. Porque, de lo contrario, qué hacían con la bicha alicantina hace apenas dos semanas en la capital de La Plana. Ambos sabían de la trascendencia de su encuentro furtivo. Que no vengan ahora de salvadores de la patria del molt honorable.
Camps ha cogido su fusil y ya ha apuntado a quien no le quiere, según sus propias palabras. No sólo ha aislado a Ripoll en la toma de decisiones, sino que le ha mandado un mensaje: Si hablas a los medios de comunicación menoscabando las directrices o a los dirigentes del partido, a la calle.
El implicado parece no haberse dado por enterado. Ayer, con delantal incluido, volvió a criticar las decisiones del presidente. El Comité de Derechos y Garantías le espera a la vuelta de la esquina. Mucho tendrá que cultivar sus amistades en la calle Génova para detener las acometidas que pronto recibirá. La ilicitana Mercedes Alonso se pregunta por qué no lo expedientan ya por su actuaciones en Elche, por decir, por ejemplo, que no habrá asamblea del PP ilicitano mientras no esté arreglado lo de su fiel Emigdio Tormo. Otros motivos esperan en Valencia para arremeter contra el presidente provincial del PP, como el conflicto que enfrenta a la alcaldesa de Villena, la zaplanista Celia Lledó. con la mitad al menos de sus concejales, afines a Francisco Camps. Pronto llegarán al Comité de Derechos los primeros escritos de esta nueva etapa, abierta por el jefe del Consell el lunes cuando cogió y cargó su fusil.
Y si no es suficiente, parece que hay paciencia de sobra en la capital del Turia para esperar y abordar su defenestración definitiva. ¿Cómo? Ripoll ya lo sabe. El objetivo es que no repita al frente de la Diputación. Deberá buscarse acomodo en una candidatura de un pequeño o mediano municipio porque puede tener serios problemas para encontrar un hueco como concejal en Alicante. Y si lograra un acta de edil, tendrá que medir bien sus fuerzas para conseguir ser diputado y luego, si gana el PP, volver a su actual despacho en la avenida de la Estación.