Los empresarios alicantinos no sólo se conforman con el centro de decisión, o sea con una posible subsede tras la hipotética fusión CAM-Bancaja como dejó claro el domingo en Alicante el vicepresidente económico Gerardo Camps. La patronal Coepa lo que quiere es que permanezca en la ciudad la sede operativa y fiscal, lo que no provocaría mayor rechazo a un fusión de este tipo, animada y alentada desde el Consell con mucho ahínco durante este fin de semana, como viene informando este diario.
El presidente de la patronal, Rafael Martínez Berna, ya dijo el mismo domingo en una entrevista en este periódico que no el empresariado no se opondría a una fusión con Bancaja «si el centro de decisión sigue estando en Alicante». No concretó si ese centro de decisión estaba vinculado al lugar de residencia a efectos tributarios y sólo se refirió a la cercanía que necesitan las pymes para obtener financiación en momentos de enorme preocupación en el sector por el bloqueo crediticio.
Ayer, fuentes oficiales de Coepa insistieron en la idea, aunque añadiendo que lo que se pretende es mantener en Alicante la sede operativa y la fiscal, no únicamente un centro de decisión como pudiera ser una subsede comercial y cultural, como la que ahora tiene Bancaja en Alicante, por ejemplo, o la CAM en Valencia y en Murcia.
Fuentes de Coepa aseguran, además, que el proceso no es cuestión de días y que se precisan estudios muy concretos sobre el coste social y también sobre el solapamiento de clientes y redes, lo que originaría un inevitable cierre de sucursales. Sin ir más lejos, este diario ilustra en esta misma página un caso que no es, ni mucho menos, único. Una oficina de CAM a escasos metros de otra de Bancaja. En este caso, en el alicantino barrio de San Blas. Una u otra sucursal, con más de cinco trabajadores cada una, estaría abocada al cierre en caso de fusión, teniendo en cuenta que CAM ya ha cerrado en el último año y medio más de medio centenar de oficinas que inauguró en los últimos cuatro años, en plena aplicación de su plan de expansión durante la época de crecimiento económico.
El mismo día de su acceso a Coepa, en sustitución precisamente del actual presidente de CAM, Modesto Crespo, Rafael Martínez nunca dejó cerrada a cal y canto la puerta a una fusión con Bancaja. Siempre ha defendido que se hará lo que dictaminen los estudios técnicos y económicos y siempre que Alicante no pierda peso en el mapa financiero autonómico y estatal.
Crespo no lo tiene claro
Como ya ha hecho en dos ocasiones desde su elección el pasado mes de junio, el titular de la CAM, Modesto Crespo, insistió ayer en que la Caja alicantina tiene recorrido por sí sola, muy al revés de lo que cree Gerardo Camps, que incluso barajó la posibilidad de que los consejos de administración de CAM y Bancaja incurrieran en «irresponsabilidad» si no estudian estas operaciones en medio de una «delicada» situación financiera en España, que se puede agravar.
Tras calificar la amplia exposición del domingo de Gerardo Camps como «opinión suya personal y nada más», Modesto Crespo subraya: «En este momento todo es posible y, al mismo tiempo, todo es imposible, pero nosotros lideraremos siempre algún proyecto».
En realidad, el mayor temor del empresariado e incluso de la denominada sociedad civil y hasta del propio mandatario de la CAM, es que en lugar de una fusión se produjera una absorción de la entidad por Bancaja.
Crespo siempre encima de la mesa, como principal premisa, el liderazgo como condición sine qua nom. Crespo sólo añadió, en un acto en la Universidad de Alicante, que esta operación se valorará «de forma interna» y que CAM «habla con mucha gente, pero no necesariamente tiene que ser eso», en alusión a la fusión con Bancaja.
A principios de septiembre, se especuló, tras una reunión de Modesto Crespo y Carlos Egea, presidente de Cajamurcia, que esta operación se estaba barruntando en las dos entidades. La supuesta cita quedó en nada. Ayer, Crespo ni se refirió a la absorción animada por Gerardo Camps, en una segunda fase, de Cajamurcia. Por su parte, el vicepresidente de CAM, Armando Sala, el referente ripollista en CAM, tampoco se mostró muy predispuesto a la operación, que siempre ha observado con recelo.
Cree que «el conseller habló de una cosa que a él le podría gustar» y alerta, como en ocasiones anteriores, del enorme solapamiento de oficinas de CAM y Bancaja, lo que acarrea una inevitable pérdida de empleo. También alude a la duplicidad del negocio y clientela e incluso de otro tipo.