Victoria a golpes, a la fuerza, exhibiendo ganas y dejando patente que cuando el talento no sobra lo mejor para paliarlo es una buena defensa. El Meridiano blindó la pintura y permitió que Manresa se fuera ahogando poco a poco en su desafortunado día desde el 6,25. Bastó con eso y con más paciencia que otras veces.
Achacar el éxito a la ausencia de Mario Austin, que se lesionó a los 34 segundos, sería ventajista, pero seguro que a más de uno el silogismo se le pasó por la cabeza. Con la dupla lituana en pista, el Lucentum se mostró más solido, más recio, menos frívolo y mucho más productivo. Quintana cambió cosas. Pospuso las rotaciones y la decisión le permitió cobrar una ligera ventaja que acabó de concretar en el inicio del segundo acto, cuando un parcial de 10-0 situó el marcador en un eficaz 29-12.
Con el viento a favor se notaron menos las asperezas y el bajo rendimiento de algunos de los que entraron en la pugna desde el banco. Con el quinteto completo formado por los hombres que sellaron el ascenso en Fuenlabrada, Manresa levantó cabeza (4-12) y colocó la desventaja por debajo de los diez puntos: 33-24.
Gesto tenso en el palco y camisa empapada en sudor encharcando la chaqueta de Quintana. Tiempo muerto y titulares a pista con Llompart como director porque a Vule Avdalovic no le dan para tanto las piernas. Vuelta a empezar. La reacción fue inmediata. Parcial de 6-0 sin concesiones y calma relativa para afrontar el tiempo de descanso.
Antes, Murgui le había señalado la tercera falta a Martynas para recordarle al lituano que sus manos son muy inquietas y se ven mucho desde cualquier parte del pabellón, más vacío de lo deseable para lo que se jugaba el equipo. Rejón y Jorge García estaban obligados a dar algo más.
El despropósito se hizo hueco entre la espesura y consiguió que lo más reseñable en el tercer acto fueran los bailes de las cheerleaders durante los tiempos muertos. Errores no forzados, un fallo, otro más, disculpa el topetazo pero es que no he podido parar... y muchas faltas, demasiadas. Manresa no se fue antes del partido porque dispuso de 24 lanzamientos desde el 4,70, catorce más que el Lucentum.
Aún así la apuesta mereció la pena, porque sin dureza no hay premio y el Meridiano se hinchó a pegar. Los libres manresanos, por tanto, fueron un mal menor. Ponsarnau, ante el vacío en el que quedaban sus proclamas sobre el parqué, se hartó de rotar sin dar con el combinado correcto. Ordenó defensa zonal y el signo del encuentro amenazó con cambiar.
Tres viajes sin premio para los alicantinos y tímida reacción catalana, casi inapreciable. Sin embargo, Pedro Llompart no quiso invocar a la fortuna, que tiene muy mala baba y lo mismo te concede un Ondas que te cruza en el camino con piratas somalíes. Movió el balón, completó la circulación y se atrevió con un triple sin oposición que acabó dentro. En el ataque siguiente tras robo, Jorge García, menos presionado que otros días, soltó el brazo desde su esquina y... bingo, partido cerrado con 20 arriba: 61-41.
La recta final valió para concluir que en el Día de Difuntos el Meridiano se encontró fugazmente a sí mismo. Menos arropado por su gente de lo deseable, y sin el hombre que se presentó en verano con 25 kilos de más, el proyecto de Quinta se aferró a lo único que nadie le debería reprochar con independencia de si gana o pierde: el trabajo.
Sigue faltando fluidez, todavía se pierden muchos balones (18), las rotaciones debilitan y el rebote ofensivo se resiste, es verdad, pero se recuperó la tensión que, en partidos como el de ayer, resulta más que suficiente.