Lejos queda ya 1984. Aquel año se constituyó oficialmente la asociación de separados y divorciados de Alicante. La idea fue promovida por Victoria Eugenia, una madrileña que llegó a la ciudad dos años antes y que consiguió convocar a apenas una decena de personas en la primera reunión, celebrada en la heladería La Glacial. Ahora, 25 años después, la Asociación de Separados y Divorciados de Alicante (ASDA) cuenta con 120 socios y ha ayudado a superar el difícil trance de la ruptura matrimonial o la viudez a las más de 850 personas que han formado parte de la misma.
La asociación ha ido cambiando de sede a medida que se ha incrementado el número de socios. Las primeras reuniones las celebraron en el restaurante Astorga y después en el Pinocho. En 1993 alquilaron su primer local en la calle Botella de Hornos, antes de pasar por Marqués de Molins, Gran Vía o la calle Ciudad Real, en el barrio de San Blas, donde ASDA tiene su sede desde hace cinco años.
La actividad es incesante en este local acondicionado por los propios socios, que pagan una cuota de 13 euros al mes. Música de baile, karaoke, obras de teatro, taller de danza, coro, proyección de películas y un sinfín de actividades culturales y de ocio que, como explica una socia, «no son más que un pretexto para animar y distraer a gente que llega hecha polvo».
Afrontar una ruptura matrimonial o la viudez en compañía de personas que están en una situación similar es la mejor medicina que recetan en la asociación. Aunque también disponen de un psicólogo que atiende a los socios en la sede dos veces al mes, ellos aseguran que nada hay más reconfortante que acompañar a Ramón mientras éste toca la guitarra, ensayar en el coro bajo las órdenes de Paco y Raimundo, interpretar un papel en una obra de teatro escrita por Mamen o, simplemente, jugar al parchís o a las cartas con otros asociados.
«Aquí ofrecemos amistad, acogemos a todo el mundo y escuchamos a quien nos quiere contar sus problemas», explica una socia antes de que otro compañero matice que «nosotros no nos metemos en la vida de nadie. Sólo nos importan los problemas psicológicos del otro si nos los quiere contar», añade. Muchas personas llegan a la asociación hundidos y con sentido de culpabilidad tras 'fracasar' su vida en pareja o quedar viudas. Aquí transforman su desasosiego en vitalidad y esperanza. Es lo que los propios socios denominan 'el milagrito de ASDA'.
Aunque quieren dejar claro que la asociación no es un club ni una agencia matrimonial, lo cierto es que en estos años se han creado decenas de parejas entre separados, divorciados o viudos que se han conocido en ASDA. La mayoría de ellos son sólo pareja, aunque al menos seis han formalizado su situación y se han casado en segundas nupcias.
Ni la junta directiva es ajena a esta realidad. El actual presidente, Miguel Millán, es pareja de María Ángeles Pérez, vocal de ASDA, desde hace dos años. Un año y medio de relación llevan Lourdes Tejerina, vocal y coordinadora del 25 aniversario, con el también vocal Segundo Contreras. Todos los directivos son pareja. Y todos ellos continúan frecuentando la asociación. Se sienten en deuda con ella y, además, se lo pasan bien.
La celebración de las bodas de plata de la asociación es la excusa perfecta para reunir de nuevo a los socios. Así ocurrió ayer sábado en la fiesta organizada en el Hotel Daniya para clausurar los actos del 25 aniversario de ASDA. Centenares de asociados disfrutaron de la cena de gala y bailaron al son de la música de Antoniello.
La alcaldesa de Alicante, Sonia Castedo, no quiso perderse el acontecimiento, y acudió acompañada por otras autoridades municipales. Los miembros de ASDA volvieron a demostrar ayer que la mejor forma de superar la separación es renunciar a la soledad.