Siempre me ha gustado la sutileza y complejidad del entramado mental de los personajes femeninos que Pedro Almodóvar nos muestra en cada una de sus películas. El director manchego junto a Woody Allen (bajo mi humilde opinión) quizás sean los directores que más acierto muestran a la hora de mostrarnos el amplio laberinto del espectro psicológico humano sin olvidar el mágico toque del sexto de los sentidos: el sentido del humor. Esta combinación de realidad y humor favorece la identificación del espectador con su lado más esperpéntico y desequilibrado. En numerosas ocasiones, la realidad supera a la ficción y la existencia de ciertas situaciones vitales acerca a muchas personas al límite entre la sensatez y el juicio y la locura y la enajenación.
Vamos a centrarnos hoy en las mujeres y en qué puede ocurrir cuando, estando embarazadas, sus niveles de estrés o ansiedad sobrepasan los límites permitidos por el organismo. Parece ser que los efectos del desajuste emocional pueden ir más allá de la afectación física en el propio cuerpo y en el del feto, marcando y afectando el desarrollo del bebé durante toda su vida. Así nos lo muestra la profesora de Psicobiología Perinatal del Imperial College de Londres, Vivette Glover. Ya es sabido que el desarrollo el bebé en el útero materno viene muy determinado por la salud, no sólo física, de la madre, de manera que el estado emocional de la mujer embarazada determina en gran modo el desarrollo del feto en la matriz. La psicobióloga hace hincapié en el impacto posnatal que ciertos niveles de ansiedad sufridos por la gestante puedan tener en el niño.
En una de sus investigaciones, Glover y su equipo reunieron a 14.000 mujeres embarazadas, las cuales fueron sometidas a un seguimiento en sus niveles de ansiedad durante el embarazo. De todas ellas, el 15% (unas 2.000 mujeres) presentaban niveles de ansiedad mucho más altos que el resto de mujeres. Precisamente este porcentaje de mujeres duplicaba el riesgo de que el niño manifestara problemas de déficit de atención y trastornos como la hiperactividad. Al mismo tiempo, el riego volvía a duplicarse si teníamos en cuanta la probabilidad de que el niño sufriera algún trastorno de ansiedad y desajustes en su comportamiento. Tal como dice la autora, en la entrevista mantenida con Eduard Punset, «los trastornos conductuales son un problema porque hacen que sea difícil controlar al niño y también es un factor de riesgo de cara a un posterior comportamiento delictivo». De ahí la importancia de la educación emocional ya desde el útero materno, como medida preventiva para el futuro equilibrio emocional del niño.
La explicación bioquímica tiene un nombre: cortisol. Es un corticoide segregado por la corteza suprarrenal, cuyos niveles en sangre y vida media aumentan bajo situaciones de ansiedad extrema y permanente, de ahí que haya sido bautizada como la hormona del estrés. Los efectos de la hormona en el feto no se quedan precisamente cortos. Glover alerta en cuanto a sus niveles durante el embarazo: «Recientemente también hemos visto que cuanto más alto es el nivel de cortisol en el líquido amniótico que rodea al bebé, más bajo es el nivel de coeficiente intelectual del bebé después. Empieza a ser una prueba de que niveles altos de cortisol en la matriz afectan el cerebro y, por ende, afectan el aprendizaje». Si la madre está ansiosa, sus niveles de cortisol aumentan y traspasan la placenta, afectando al desarrollo normal del feto que, bajo condiciones usuales de equilibrio emocional, no acusa los efectos de dicha sustancia en su desarrollo. Y aquí, la pareja tienen un papel fundamental en el proceso porque, como dice la investigadora «esta investigación podría ser una forma de implicar a los padres como parte del desarrollo del niño, como parte de este grupo de tres: la madre, el bebé y el padre. El padre puede desempeñar un importante papel si consigue que la madre sea feliz».
Comparto la opinión de Glover cuando se manifiesta a favor del cuidado no sólo físico, por parte de las instituciones de la mujer embarazada. Su equilibrio mental es parte crucial durante su embarazo: «Los cuidados durante el embarazo, los cuidados físicos de la madre son bastante buenos: les miden la presión sanguínea constantemente, les hacen la prueba de la diabetes… pero se ignoran totalmente los cuidados emocionales…». Merece la pena aunque sólo sea en términos económicos, porque si los niños desarrollan Síndrome de déficit de atención o dificultades de aprendizaje, luego estos problemas podrían convertirse en factores de riesgo en posteriores actitudes delictivas». En esta ocasión Napoleón acertó cuando afirmaba el porvenir de un hijo es siempre obra de su madre. Y no se me ocurre mejor intervención que la ayuda a la realización de la obra más maravillosa del mundo.